No te idealizo. La idealización es una forma de cobardía. Te prefiero real. Con sombras. Con contradicciones. Con lugares donde no me dejas entrar. Hay alguna sombra en ti —o en lo que imagino de ti— que me mantiene alerta. Intranquilo. Despierto. Te escribo porque escribir es una forma de acercarme sin tocarte. Y la distancia, cuando hay deseo, también es una forma de erotismo. No todo deseo quiere cuerpos. Algunos solo quieren durar. Quieren imaginar tu cuerpo desnudo sin tocarlo. Quieren dejarte sin ropa dentro de la mente. No busco que me respondas. Ni siquiera que me leas con cariño. Me basta con que existas en un pensamiento mío y que quizá yo exista en uno tuyo. Aunque sea un segundo. Aunque sea con el cuerpo. Si alguna vez sientes que alguien te mira desde las palabras, sin manos, sin ojos, con paciencia, Imagina que soy yo. Puede que sea yo escribiendo otra vez, sin saber si estás donde te imagino. Esta es mi manera de decir: no te debo nada, no me debes nada, pero cuando mi mente te desnuda en silencio, el mundo se vuelve un lugar mucho más lento. Y mucho más peligroso.
