«LAS ARISTAS DE MI VERDAD»

GLORIA

Estaba ayer junto a ti tan desnudo de alma que no me reconoció nadie. Entonces me enseñaste el perfil de la luna y tu compañía me embriagó hasta alcanzar una gloria hasta entonces desconocida para mí.

JUEGO DE PALABRAS

Te extraño. Y lo que más me extraña no es tu ausencia, sino que parezca no dolerte la mía. Te extraño, y me extraña que ya no me extrañes. Te lo repito porque hay heridas que sólo saben decirse de una forma: cuanto más te extraño, más me extraña que tú no me extrañes. Porque uno espera que el vacío tenga eco. Que la falta se note en ambos lados. Que la distancia haga el mismo ruido en dos corazones. Pero no. Y entonces ya no sé qué es más difícil: extrañarte o aceptar que quizá soy el único que todavía extraña.

EN ESTA NOCHE OSCURA Y SOLITARIA

En esta noche oscura y solitaria te sigo esperando. Como hace meses. Pero ya son demasiadas las lunas que me llevan a un destino imaginario. Y el viento repite tu nombre entre las sombras, como un eco cansado que se niega a morir. Las estrellas observan mi silencio sin respuesta, mientras el tiempo deshoja su jardín sobre mí. He contado las horas en la arena de los sueños, y todas se han perdido antes del amanecer. Quizá ya no regreses por los caminos de la memoria, pero aún guardo una luz encendida para tu regreso.

EL CAMINO DE REGRESO

Nos vimos en un lugar olvidado por ti y por mí, donde los distintos trayectos de un laberinto sin salida se volvieron visibles y plausibles. Durante unos instantes creímos reconocer sus pasillos, como si hubiéramos transitado antes por ellos en otra vida o en algún sueño obstinado que se negaba a desaparecer. Cada recodo parecía conducir a una revelación y, al mismo tiempo, a una nueva incertidumbre.

La luz, indecisa y tenue, dibujaba sobre las paredes sombras que imitaban caminos imposibles. Caminamos sin prisa, escuchando el eco de nuestras palabras, que regresaban transformadas, como si el propio lugar quisiera responder a preguntas que nunca llegamos a formular. Allí comprendimos que algunos encuentros no ocurren para resolver nada, sino para hacer visibles las preguntas que habíamos aprendido a ocultar.

Y aunque sabíamos que ningún sendero ofrecía una salida verdadera, continuamos avanzando. Había en aquella deriva una forma extraña de esperanza: la certeza de que perdernos juntos era menos inquietante que encontrar solos el camino de regreso.

MANOS

Tu mano en mi mano y un destino compartido por delante. Ese calcado sueño, por ser imposible, es lo que más purifica mi lamento en tu ausencia. Porque cuanto más lejana te descubro, más nítida se vuelve tu figura, y cuanto más sé que no llegarás, más hondamente te espero. Hay amores que se consumen en la dicha de poseerse; el nuestro, en cambio, parece alimentarse de la distancia, como una llama que sólo encuentra aire en aquello que le falta. Y así camino, acompañado por tu sombra, sosteniendo entre las manos vacías la forma exacta de todo lo que nunca será.