Ella le pidió tiempo, creyendo que el amor podía esperar. Él le dio distancia, creyendo que el amor podía sobrevivir sin presencia. Como relojes en husos distintos, nunca coincidieron. Sus minutos no se alinearon, sus días se volvieron paralelos. Y al final, el tiempo se convirtió en olvido, y la distancia en costumbre.
