Se abrazaron como si el invierno dependiera de ellos, como si el calor humano pudiera detener la nieve. En ese instante, fueron primavera: brotaron sonrisas, florecieron sus miedos, se derritieron las distancias. Pero la estación pasó, y el frío volvió sin pedir permiso. El abrazo quedó como un jardín secreto en sus memorias.
