PRESENTACIÓN DISPARATADA DE MI BLOG «RECUNCAR.COM» CON UNA VISIÓN SURREALISTA, EXTRAVAGANTE E IMPERDONABLE (15 DE MAYO DE 2026)

Yo no tengo un blog. Yo tengo una anomalía cuántica con dominio propio. Se llama oquintodotempo.com/ y aparece flotando en internet como un percebe metafísico agarrado a una roca emocional. Hay quien lo llama página literaria. Otros lo consideran una avería barroca del lenguaje. Mi madre todavía piensa que estoy opositando para algo.

Allí escribo textos, artículos, «noveloides», poemas en prosa y ataques de sinceridad con síntomas tropicales. Escribo porque dormir me parece una pérdida de tiempo y porque hablar solo empieza a preocupar a los vecinos cuando uno utiliza distintas voces.

Mi blog no sigue corrientes literarias. Las atropella todas. Surrealismo, expresionismo, tremendismo, dadaísmo, cubismo emocional, romanticismo de taberna, existencialismo con grelos, nihilismo de mercadillo, realismo mágico con humedad, simbolismo ferroviario y costumbrismo alucinógeno. Todo mezclado como un cocido cocinado por Kafka dentro de una lavadora industrial.

En oquintodotempo.com/ hablo del amor, claro. Ese animal viscoso que entra por la ventana disfrazado de violín y acaba viviendo en el baño, fumando tus cigarrillos y opinando sobre tus traumas. Yo conozco el amor. Una vez me llamó borracho a las cuatro de la mañana para decirme que necesitaba espacio.

También hablo de la envidia, que es el único sentimiento capaz de provocar un infarto mientras alguien sonríe educadamente. La envidia es maravillosa: convierte a un amigo en crítico literario en menos de siete segundos. Yo la observo como quien estudia un insecto venenoso dentro de una taza de café.

Y luego está Galicia. Galicia no existe realmente. Galicia es una invención atmosférica diseñada por poetas cansados y vacas filosóficas. Allí la lluvia no cae: reflexiona. La niebla conversa con los árboles. Las piedras recuerdan cosas. Los paraguas nacen muertos. El mar observa a la gente con una paciencia de psiquiatra jubilado. Yo escribo Galicia como quien escribe una carta de amor a una tormenta eléctrica.

La morriña me persigue constantemente. A veces entro en un supermercado de Madrid y me emociono delante de un repollo. Oigo una gaita a lo lejos y automáticamente necesito abrazar una farola. La saudade gallega es así: un animal húmedo que te lame el alma y luego te deja mirando la lluvia durante cuatro horas mientras piensas en un bar que cerró en 1997.

En mi blog hay tristeza, sí. Pero una tristeza elegante, con bigote y sombrero. No esa tristeza moderna que sube fotos a Instagram. La mía fuma en silencio frente al mar mientras escucha cómo crujen los muebles de la infancia.

También hay humor. Muchísimo. Humor absurdo, humor negro, humor blanco, humor beige y humor color percebe radiactivo. Porque la vida es tan ridícula que tomársela en serio debería estar prohibido por la Convención de Ginebra.

Yo describo el fracaso como otros describen puestas de sol. Tengo fracasos pequeños, medianos y familiares. Algunos vienen con música de fondo. Otros con factura. El fracaso me acompaña desde hace años y ya tenemos confianza: entra en casa sin llamar y a veces me riega las plantas.

En oquintodotempo.com/ aparecen personajes imposibles: camareros metafísicos, taxistas que citan a Nietzsche, curas con resaca mística, jubilados anarcosindicalistas, señoras capaces de destruir universos utilizando únicamente una mirada y un bolso lleno de naranjas.

Yo mismo soy un personaje sospechoso. A veces escribo como un profeta bíblico atrapado en un after de carretera. Otras veces parezco un acordeón deprimido intentando seducir a una lámpara. Nunca se sabe.

Mis textos saltan del erotismo al apocalipsis con absoluta naturalidad. Porque el deseo humano es una cosa rarísima. Uno puede sentirse profundamente espiritual mientras busca desesperadamente el cargador del móvil debajo de la cama. Yo escribo sobre sexo como quien describe un accidente ferroviario lleno de violines y mariscos.

También hay fotos comentadas. Yo no comento fotografías: las interrogo. Una simple imagen de una silla vacía puede acabar convertida en una tesis sobre la decadencia de Occidente y las croquetas industriales. Tengo una capacidad extraordinaria para exagerar cualquier detalle hasta convertirlo en una epopeya delirante.

Mi biografía literaria consiste básicamente en sobrevivir al paso del tiempo mientras transformo neurosis en párrafos decorativos. Algunos escritores buscan la belleza. Yo busco una frase que haga reír y después deje al lector mirando al techo como si acabara de descubrir que la existencia es un pulpo vestido de funcionario.

En mi blog caben los recuerdos, los delirios, las frustraciones, los amores imposibles y los imbéciles inevitables. Cabe la infancia oliendo a lluvia y detergente. Cabe la nostalgia de cosas que jamás ocurrieron. Cabe la soledad de los hoteles baratos y la alegría inexplicable de encontrar una tortilla de patatas decente en mitad del caos universal.

Porque yo escribo desde el desconcierto. Escribo como quien intenta arreglar un reloj usando una sardina. Escribo como quien baila un vals dentro de un incendio. Escribo como quien busca sentido en una servilleta manchada de vino.

A veces ni yo entiendo lo que escribo. Y eso me parece una señal magnífica. La lógica está sobrevalorada. Las mejores cosas de la vida ocurren cuando el cerebro se despista un momento y deja entrar a los fantasmas, los recuerdos y las tonterías luminosas.

Hay lectores que llegan buscando literatura y salen con la sensación de haber compartido ginebra con un semáforo existencialista. Perfecto. Esa es exactamente la experiencia.

Porque oquintodotempo.com/ no pretende ordenar el mundo. Pretende despeinarlo.

Yo no vendo felicidad, ni éxito, ni espiritualidad de taza motivacional. Yo ofrezco carcajadas melancólicas, naufragios con estilo, ironía de alta graduación y una forma bastante digna de perder el tiempo mientras afuera el universo continúa haciendo sus habituales caralladas cósmicas.

Y mientras todo el mundo corre hacia alguna parte con cara de ejecutivo angustiado, yo sigo aquí, escribiendo bajo una lámpara triste, rodeado de palabras, nostalgias, fantasmas gallegos y frases que parecen escritas por un percebe que ha leído demasiado a Valle-Inclán después de un golpe fuerte en la cabeza.

Eso es oquintodotempo.com/: un cabaret literario dirigido por la saudade, la ironía y una gaviota filosófica ligeramente borracha.