Estos poemas son una forma de permanecer un momento en silencio frente a lo que somos cuando nadie nos mira. Un lugar donde la memoria respira sin prisa y deja aparecer aquello que el ruido de los días suele ocultar. Tal vez escribir sea solo eso: detenerse un instante ante uno mismo y escuchar lo que queda cuando todo alrededor calla.
«SONMEIGO» (JMMT)
ESCRIBIR
Escribo porque xa non sei facer outra cousa que aguantar mentres algo se desfai por dentro. O que aparece aquí non é valentía nin lucidez, é resto, é lixo emocional sen filtrar nin pedir permiso. Non me importa soar patético, roto ou excesivo, porque é o meu estado actual. O corazón do que escribo non quere ser lido nin comprendido, quere ser expulsado dunha vez. Se queda algo en pé despois, será por erro, non pola forza da miña escrita.
OJOS
A veces regresan sin nombre ni voz. Solo unos ojos que me miraron una vez y dejaron en mí una claridad imposible de borrar. Desde entonces viven en un rincón secreto de la memoria, como una lámpara que nunca termina de apagarse. No sé de dónde vienen cuando aparecen ni por qué vuelven en las noches más calladas. Tal vez los recuerdos caminan por dentro de nosotros como sueños que no han terminado de irse.
EL PLACER
Lo hacemos con ahínco, con denuedo, con tesón. Desde tiempos inmemoriales. Somos dos colosos frente a una muchedumbre hambrienta de fracasos. Nos miran extrañados por ello, como si fuéramos dos objetos en el museo de la efervescencia. Dicen que nunca lo alcanzaremos, que es más fácil obtener el goce emocional que el placer físico. Ante mi extrañeza me muestran fotos de rostros placenteros en grado sumo contemplando un paisaje. Les espeto que eso es fugaz, que tal visión es inmutable y que no responderá jamás a mis caricias. Las necesito. ¿Y eso es importante? Yo preciso saborear el contacto con la piel para saber que estoy vivo. No te debe extrañar. Si no me extraña. Lo que te vaticino es un invierno cubierto de llagas por un intempestivo frío que congelará las huellas de tus dedos para que no sientas los hirvientes latidos de mi pulso. Entonces, estaré muerto definitivamente. Al final, resucitarás. Confía en mí. Yo no te dejaré morir. No sé quién me habla. ¿Me oyes?
AMAR LA SOMBRA
Me censuraron hace unas semanas con muy mal gusto lo que escribí en un texto semejante a este. Me dijeron ―te escupo mi opinión, es lo que te mereces― que un hombre no habla o escribe de los senos de su amada ni en público ni en privado. Y muchas cosas más muy ofensivas. Me quedé pensativo y atribulado en un rincón de mi habitación. Me sentí culpable y afloró en mis manos el impulso bloguicida. Una lectora desconocida me comentó que hay personas que no entienden la creación literaria en forma de poema en prosa. Confunden al creador del texto ―tú― con el dueño/lector ―todos nosotros―. Tú escribes literatura, tú escribes literatura y punto. Al cerrar el correo, de pronto, una sombra se irguió delante de mí y me habló con voz sincera y sensual: No hagas caso a nadie. Mi cuerpo es para ti. Y cuando digo eso es para que tú hagas con él lo que quieras: amarlo, acariciarlo, describirlo o rechazarlo. Y se sentó en la cama con una sonrisa tan generosa que brotó como un milagro de la naturaleza en mi cuerpo un placer incombustible. Luego, cogí tu sombra de la mano, te sentaste primero en la cama, luego te acostaste e hicimos el amor de una manera que jamás había soñado. Cuando desperté, tenía una nota en el suelo que decía lo siguiente: la próxima vez que quieras experimentar lo que es el verdadero amor solamente tienes que llamarme. Y no fui capaz de encontrar la sombra que me había poseído en mis sueños.
