Otra vez regreso a mi soledad como quien vuelve a una habitación cerrada desde dentro. La noche pelea conmigo y me ofrece, como único combate, la orfandad y el desamparo. Si supieras invitarme —aunque fuese sin nombre, sin promesa— a un placer discreto, de puertas que no crujen, quizá me dejaría llevar hasta una altura donde el gozo no necesita testigos. Dime que esa felicidad será solo mía, que nadie más sabrá pronunciarla. Porque debes entender que mi fidelidad a esta cautividad es tan auténtica como la bandeja de entrada de un correo llena de invitaciones que nunca acepté, mensajes fríos que no llegaron a ser palabra.
«LAS ARISTAS DE MI VERDAD»
ACTOR
A veces pienso que vivo como si caminara sobre un escenario invisible. Cada día diseño un gesto, una voz, una manera de mirar al mundo, y salgo a representar un papel. No siempre es una mentira; muchas veces es simplemente la forma en la que aprendo a convivir con los demás. En el trabajo interpreto seguridad; en la familia, ternura; y ante los desconocidos, prudencia. Pero detrás de cada máscara hay algo verdadero que respira en mí. Fingir, en ocasiones, no es engañar: es proteger lo que aún no sé cómo mostrar. Soy un actor, sí, pero también soy el autor del guion que voy escribiendo con cada decisión, con cada vivencia. Tal vez mi sinceridad no consista en no actuar nunca, sino en no olvidar quién soy cuando baja el telón. Y quizá mi vida sea precisamente eso: una obra imperfecta donde, entre papel y papel, busco el instante en el que por fin dejo de representar y simplemente soy.
‘MEGUSTAS’
Publicó su tristeza en redes, esperando «megustas» como quien lanza botellas al mar con mensajes de auxilio. Cada reacción era una esperanza, cada comentario, una posible cuerda. Pero nadie lo rescató. El mar digital no tiene costas, solo olas que arrastran sin mirar. Y su dolor, aunque viral, seguía sin respuesta, flotando entre algoritmos y pantallas.
DESCUBRIMIENTO
Yo no sabía que el amor tuviera este hilo tan fino. Pensaba que era luz, o promesa, o una casa encendida cuando afuera hiela. Creía que amar era encontrar refugio. Pero amar es también quedarse sin techo.
Descubrí que amar es permanecer cuando todo en uno quiere huir para no sentir tanto. Es sostener la herida sin convertirla en espectáculo. No hacer del dolor una identidad.
Hay un dolor que no ensucia. No humilla. No grita.
Trabaja en silencio, como el agua que desgasta la piedra sin violencia, pero sin descanso.
Un día entendí que algo en mí había sido pulido. No reducido. No quebrado.
Pulido. El amor me estaba afinando. Quitando exceso. Quitando orgullo. Quitando miedo.
No es heroísmo quedarse. Es claridad.
Amar así duele. Duele porque te expone. Porque te obliga a mirarte sin máscaras.
Pero cuando atraviesas ese dolor, el espíritu queda más limpio. Más verdadero. Más simple. Y ya no quieres amar de otra manera.
LA AMABA TANTO
La amaba tanto que aprendió a leer sus silencios como quien estudia constelaciones: con paciencia, con devoción, con la esperanza de encontrar sentido en lo invisible. Creía que cada pausa era una palabra oculta, cada mirada perdida una confesión. Pero nunca supo que ella gritaba por dentro, como un volcán dormido, esperando que alguien escuchara el temblor antes de la erupción. Él interpretaba sus silencios como paz, cuando en realidad eran gritos contenidos.
