Un instante de seducción penetra en mi recuerdo como una pasada y mutua connivencia se sumerge en el tiempo. Los signos que pueblan el análisis de nuestra generación se desbordan como ríos de lava inquieta surcados por amenazantes tormentas de pasividad. Por mi tosca frente gotas de sangre, sudor y lágrimas gimen en la madrugada como una nebulosa de fantasmas cuando mi mente se proyecta en furtivos símbolos de una pasada gloria, ¡marchitas semblanzas de un solitario corazón en estado feudal!
«LAS ARISTAS DE MI VERDAD»
LA MISMA LLUVIA
Escucha en qué me convierte la lluvia que lleva años en mi memoria jugando con el mar. Todo es húmeda monotonía. Esta lluvia siempre repite la eterna canción de un árbol de hojas secas que espía mi sombra cuando el viento vulnera tu perfil. Entonces, imagino tu geométrica silueta al trasluz de mis ojos y te confundo precipitadamente entre la vocinglería de falsos sueños. Dibujas una elegante improvisación con las curvas de tu sonrisa y reúnes secretamente mis vibrátiles arrabales en un sótano de cúbicas esferas. Eterna lluvia de tedio y música intacta, tan solo me ayudas a descubrir que tus mejillas escuecen mis ojos cuando la oscuridad nos congrega en una misma ausencia. Nos ignoramos, nos alejamos mutuamente con la proximidad del que espera lo que nunca tendrá. Eterna lluvia de indescifrables imágenes. Eterna lluvia caprichosa. ¿Cuándo volverás a acariciar las entrañas de nuestra claridad? ¿Cuándo, agotada nuestra luz en un intacto suceso, mi ingrávida instantánea se convertirá en un paisaje de círculos congruentes?
QUIZÁ
Quizá por todo lo dicho desnudo en mis versos, o tal vez por otra inacabada y amarga serenata de fantasmales sangrías nocturnas, no soy capaz de ofrecerte mi cuerpo, limpio y sincero, para disfrutar contigo una irreprochable cadena de fantasmales orgasmos.
EN ESTOS ÚLTIMOS AÑOS
He andado a la deriva cuando todo en mi entorno era cordura. No he acertado con el palpitar justo de las palabras cuando mi mente te resucitaba idealizada. He anclado mi lejana adolescencia en el arrullo desangrado de un nombre de mujer. No he saciado con ceremonias adorables la elemental ebriedad de mi piel. Me he perdido tras una caricia tuya que erizaba, cada noche, mi solitario placer.
CON ANSIA
Busco un exceso de amor donde solo hay una mano ciega. Quiero apresar la longitud de tu tiempo con la silueta de mis desequilibrios. Toco tu alma cuando sólo quieres un abrigo sin sentimientos. Deambulo melancólicamente por la embriaguez de los enamorados, y me despierto a medianoche con una amalgama de criaturas informes en mi mente que ocultan tu cuerpo desnudo.
