Se esconde en los poros de mi piel, en los pliegues de la memoria, en la respiración lenta de las madrugadas, en los objetos que nadie se atreve a mover. Se queda viviendo en cosas pequeñas: una palabra que todavía pronuncio en silencio, una canción que ya no escucho, la forma exacta en que tu nombre se acomodaba dentro de mi boca. El nosotros, sin embargo, no sobrevivió. Quedan fragmentos. Restos diminutos como polvo sobre la piel. Pedazos de una historia que ahora caminan separados, como dos sombras que alguna vez fueron una sola. Y aquí estoy. Habitando este cuerpo que todavía sabe cómo quererte, aunque ya no tenga dónde hacerlo. A veces me pregunto si el amor termina realmente o si simplemente aprende otra manera de quedarse solo.
