El futurismo fue una de las vanguardias más provocadoras y teatrales del siglo XX. Nació oficialmente en 1909 con el manifiesto publicado por Filippo Tommaso Marinetti en el periódico francés Le Figaro. El movimiento adoraba la velocidad, las máquinas, la bombilla eléctrica, los coches, el ruido y la ruptura total con el pasado. En sus manifiestos gritaban: «¡Quemad las bibliotecas!». «¡Destruid los museos!». Y sus miembros vivían de forma tan exagerada como escribían. Paradójicamente… hoy sus obras están… en museos.
Marinetti contó que una noche conducía a toda velocidad un coche moderno cerca de Milán cuando tuvo que esquivar a unos ciclistas y acabó estampándose en una zanja. Según él, salir cubierto de barro y aceite fue una experiencia casi «mística». Dijo que ese choque le reveló la belleza de la velocidad y de la máquina moderna.
En el manifiesto futurista llegó a escribir algo muy provocador para la época:
«Un automóvil de carreras… es más bello que la Victoria de Samotracia». Aquello escandalizó a media Europa porque estaba comparando un coche con una de las esculturas clásicas más admiradas del mundo. La canción del automóvil comienza con estos versos: ¡Dios vehemente de una raza de acero, / automóvil ebrio de espacio, / que piafas de angustia, con el freno en los dientes estridentes! / ¡Oh formidable monstruo japonés de ojos de fragua, / nutrido de llamas y aceites minerales, / hambriento de horizontes y presas siderales / tu corazón se expande en su taf-taf diabólico / y tus recios pneumáticos se hinchen para las danzas / que bailen por las blancas carreteras del mundo.
Los futuristas odiaban lo que consideraban el peso muerto de la tradición italiana. No siempre lo decían literalmente, pero sí querían dinamitar el culto al pasado. En una Italia obsesionada con el Renacimiento y la Roma clásica, aquello sonaba casi sacrílego.
El pintor y músico Luigi Russolo escribió en 1913 el manifiesto El arte de los ruidos. Decía que la música clásica estaba anticuada y que la ciudad moderna tenía una nueva orquesta: «motores, fábricas, trenes y sirenas».
Organizaban espectáculos llamados serate futuriste donde mezclaban poesía, música, insultos al público y provocaciones políticas. Los artistas subían al escenario a recitar poemas llenos de onomatopeyas y ruido industrial. A veces insultaban directamente a los espectadores para provocar una reacción. El público respondía entonces lanzando tomates, verduras o sillas.
Y eso era exactamente lo que querían: el arte debía generar violencia emocional y agitación.
En estas últimas entradas, yo he chapoteado en mi barro, y con gusto; pero, salido, con cierta elegancia ad hoc, del chocolate terrenal que había creado, he decidido (finta de Di Stéfano) contarte qué libros tienes en oquintodotempo.com/.
Lo primero que te sorprenderá es el número de entradas. Las he estructurado en los siguientes libros, que están a tu disposición en el blog antes citado:
- A LA SOMBRA DEL VERBO
- CANCIONES COMENTADAS POR JMMT
- CANDO CHOVE POR DENTRO
- FOTOS E IMÁGENES COMENTADAS POR JMMT
- GALICIA QUEDA AL NORTE
- HATROZ
- LAS ARISTAS DE MI VERDAD
- Y MUCHAS COSAS MÁS…
Por el número elevado de entradas, y por el famoso contador de visitas, te recomiendo que leas las entradas en la web, en el blog oquintodotempo.com/
Empecé a escribir con cierta seriedad allá por 1994, cuando me di cuenta de que tenía cierta habilidad en esto de juntar palabras. También presento textos muy recientes y presentaré otros que vaya componiendo.
En este blog hay muchísimas entradas —alguna te gustará, creo—, pero para que no se bloqueen o atasquen, las presento de cinco en cinco.
Saberme leído por ti solo puede reportarme prestigio y notoriedad.
En caso de que quieras contactar conmigo, ya sabes que me encanta, puedes hacerlo a través de mis correos:
Muchas gracias por leerme.
«Sonmeigo», pseudónimo actual mío (JOSÉ MARÍA MÁIZ TOGORES)
«Sonmeigo» parece salido directamente de una balada celta gallega: un ser misterioso que habla poco, mira mucho y probablemente conoce remedios ancestrales para males físicos y sentimentales. «Sonmeigo» es un nombre mezcla musicalidad y magia, como si perteneciera a un druida moderno que toca la zanfona bajo la niebla mientras da consejos ambiguos que terminan teniendo razón. «Sonmeigo» domina la escena con calma sobrenatural y aparece silenciosamente entre los árboles, como si el bosque mismo le hubiese dado permiso para existir.

Me acuerdo perfectamente de las maquinas de escribir y del ruido. Es una pena que hayan desaparecido. Y por supuesto del foco de luz que iluminaba muy bien. 👏 Galicia porque tengo morriña. Y respecto a la música, 🎶 siempre me ha gustado mucho. 🫂 🫂.