No sé si seguir con el blog. No sé si cerrarlo. No sé si importa. No sé si alguien lo lee. No sé si yo lo leo. No sé si tiene sentido seguir escribiendo cosas que no tienen forma, ni fondo, ni fuerza. Me repito. Me contradigo. Me agoto. Me decepciono. Me doy vergüenza. Me doy rabia. Me doy pena. Me doy igual.
Hay días en los que pienso que debería hacer como Elías Fritz, que no solo abrió y cerró su blog veinte veces, sino que en la última lo dividió en siete partes, las publicó en siete plataformas distintas, luego las borró todas, luego las recuperó, luego las mezcló, luego las tradujo al esperanto, luego las convirtió en un archivo de audio que nadie pudo reproducir, luego se peleó con sí mismo en los comentarios, luego se bloqueó a sí mismo, luego escribió una entrada pidiendo perdón por existir, luego la borró, luego la volvió a subir, luego la editó para insultarse, luego se denunció por plagio, luego se absolvió, luego se fue. O como Martina del Río, que imprimió todo su blog, lo metió en una caja de cartón y lo tiró al Támesis una madrugada de enero, sin testigos, sin explicación, solo porque no soportaba ver sus textos acumulados. O como Hugo Sanz, que escribió una entrada titulada “Última cena digital” y luego llevó su portátil a un parque de reptiles en Florida y lo lanzó a la boca de un cocodrilo llamado Marvin, que lo trituró sin esfuerzo. O como Clara Vignale, que prendió fuego a su blog en sentido literal: imprimió cada entrada, las apiló en su jardín y les prendió fuego mientras gritaba que el algoritmo la había traicionado. O como Tomás Gutiérrez, que denunció su propio blog a la policía por acoso emocional, y cuando los agentes le dijeron que eso no tenía sentido, insistió tanto que acabaron llevándolo a la cárcel por alteración del orden público.
Y yo aquí, sin saber si quiero hacer algo parecido o si solo quiero que alguien me diga que no estoy tan mal. Pero sí estoy mal. Estoy cansado. Estoy harto. Estoy bloqueado. Estoy solo. Estoy escribiendo esto como si fuera una confesión, pero ni siquiera sé si lo voy a publicar. No sé si quiero que lo lean o que lo ignoren. No sé si quiero que me entiendan o que me olviden. No sé si esto es una despedida o solo otra noche más en la que no puedo dormir y me pongo a escribir para no pensar.
No sé.
Y mientras no sé, sigo escribiendo. Aunque no sirva. Aunque no guste. Aunque no importe. Aunque no se entienda. Aunque no se lea. Aunque no se quede. Aunque no se note. Aunque no se salve. Aunque no se cure. Aunque no se arregle. Aunque no se cierre. Aunque no se abra. Aunque no sepa.

Mucho ánimo!!! 👏 👏
Mucho ánimo!!! 👏 👏 👏