Sorda. Sí. Así es. No se oye. No se ve. Pero se siente. Es profunda como una sima oceánica. El dolor rezuma como la lava de un volcán destruye cuanto inunda. Es intenso. Como una plaga castiga la inocencia y deambula por mi interior cual fantasma con esputos en el alma. Este salivazo emocional me prostituye los sentidos y me deja exhausto tras leer tus ojos. Sí, esos que se clavan en mi corazón indolente con la búsqueda de una mujer que me abrace con sangre de sinfónico placer.
