LA REINA DE GALICIA

La Reina de Galicia es una figura imaginada, nacida del deseo de que nuestra tierra también tuviera su soberana, su voz femenina en la historia medieval. No aparece en los códices ni en las crónicas de los reinos, pero su sombra recorre los caminos de piedra y los valles húmedos, como si aún velara por el alma de un país que nunca dejó de resistir.

Se dice que gobernó desde una fortaleza entre los montes de A Maía, cuando los señoríos se disputaban el poder y la fe se entrelazaba con la superstición. Era pagana, sí, pero no ignorante: conocía los ciclos de la luna, el lenguaje de las fuentes, el silencio de los robles. Su autoridad no venía de la espada, sino de la palabra, del respeto que imponía su mirada y del misterio que la rodeaba.

Cuando llegaron a sus tierras emisarios del nuevo credo, no los rechazó con violencia, pero tampoco se rindió sin más. Los puso a prueba, como quien mide la verdad no por los dogmas, sino por los actos. Les habló de un monte donde habitaba una criatura antigua, y les pidió que fueran allí a buscar los bueyes que necesitaban para su misión. Sabía que quien no teme al dragón, merece la confianza del pueblo.

La leyenda cuenta que los emisarios regresaron con los bueyes mansos y el dragón vencido, no por la fuerza, sino por la fe. Y ella, testigo de aquel prodigio, comprendió que algo nuevo nacía. No se convirtió por miedo, sino por revelación. Cedió sus tierras para levantar un santuario, y con ello selló un pacto entre lo antiguo y lo nuevo, entre la Galicia de los mitos y la de los caminos.

Esta reina no es solo una invención: es símbolo de la Galicia profunda, la que duda antes de creer, pero que sabe reconocer el milagro cuando lo ve. Su figura encarna la sabiduría de las meigas, la dignidad de las señoras feudales, la fuerza de las mujeres que sostienen la historia desde los márgenes.

Su nombre se ha perdido, pero su espíritu vive en los montes, en los castros, en las leyendas que aún se cuentan al calor del lareira. Porque a veces, la verdad de un pueblo no está en los archivos, sino en la memoria que resiste. Y esta reina, aunque nunca existiera, sigue reinando en el corazón de Galicia.