LLOVIENDO

Hoy la oscuridad es absoluta, como si el mundo se cerrase sobre sí mismo y solo quedase el ruido de la lluvia interior. Llueve en los recuerdos, en las preguntas sin respuesta, en las palabras que no encuentran salida. Pero, aun así, algo permanece encendido, pequeño y terco, como una luz que no sabe apagarse. La esperanza no hace ruido: aprende a quedarse, a respirar hondo, a esperar su momento. Sé que el día existe incluso cuando no se ve, porque ya ha vuelto otras veces. Cada nube lleva dentro el cansancio de tanta agua y también la promesa del cielo abierto. No es debilidad esperar, es una forma de valentía silenciosa. Sigo avanzando a paso lento, sosteniendo el corazón con las dos manos. La lluvia no dura para siempre, por más convincente que parezca hoy. Y cuando menos lo espere, me dicen, la luz encontrará el camino y el día despejará.