MUJER VIVA

Mujer viva, única, hecha de carne y viento, cuerpo de secreto y de nostalgia, llevas en el aliento palabras que solo los corazones heridos saben descifrar. Me acerco a ti con los ojos en alto, buscando en el cielo un jardín de rosales limpios, y traigo en los labios un canto nacido en el regazo de tu estrella.

El rumor de tu piel roza la mía, y un placer antiguo, profundo, recorre cada rincón de mi cuerpo. Sé que aún es pronto para hablarte de un buen guiso o de una fragua de penas bien trabajada. Pero mi pecho está lleno de quejas dulces, de sueños desnudos y de quimeras que apenas echan hoja.

Estoy frente a ti, desnudo de miedo, lleno de esperanza, con la certeza de que un día tomarás mis manos y reconocerás en ellas el fuego de la pasión que me habita. Por eso deseo que alguien —una mujer como tú— quiera escuchar, en el secreto de mi alcoba, el blanco rumor de una cantiga bien hecha, semilla viva de nuestra tierra.

Silencio de monasterio. Nadie me escucha. Nadie me habla. Solo el latido de tus pechos soñados, velados, que rozan mis labios como caricias de viento.