‘PASORESERVADO’ O ‘RECUNCAR’

El Pataca hervía como pocos días. Allí estaban Víctor, Jorge, José María y su hermana Lola. Las voces, las risas, las canciones se sucedían entre cuncas de vino que viajaban de mano en mano como un tren de alta velocidad. Es uno de los bares más conocidos entre los compostelanos y la amenaza de cerrar cuelga sobre él como el péndulo del reloj de la Puerta del Sol. Sus famosas y deliciosas tapas de patata gallega asada son uno de los atractivos de este local situado en plena rúa del Villar de Santiago, una de las calles más visitadas y transitadas de la parte antigua de la ciudad, a sólo cinco minutos de la catedral.

―Non sei ti, pero encántanme as patacas preparadas en horno de leña, decía un paisano queriendo mantener la compostura después de unas cuantas tazas de ribeiro.

Están cocinadas al estilo de la casa: en su cocina de leña, cocidas a fuego lento en salsa de carne, lo que hace que tengan un color amarillo-dorado inusual y un sabor único.

Un buen amigo compostelano, que está montado en la parra todo el día, convocó a los tres amigos con unas palabras muy cariñosas con el fin de dilucidar el nombre definitivo del blog de José María que estaba bautizado provisionalmente con el nombre de pasoreservado.com. La cena de días atrás en la pulpería de Melide terminó con muchas canciones da terra, pero sin ninguna decisión clara.

―El viño enreda los pensamientos coma la niebla en las corredoiras, decía el bueno de Ignacio dando sorbos largos y densos a su taza mientras comía tres o cuatro trozos de pulpo con un palillo bastante usado ya.

―Un trago más y ya no sé si pienso o estoy pensando que pienso, apuntaba Víctor con los ojos encendidos.

―Mi padre afirma que el vino es viento caliente que despliega las velas de la locura, sentenciaba con sobrias palabra Jorge, el más dicharachero.

Y el simpático de José María, que no se enteraba de nada por el rebumbio que había en la tasca remató la faena:

―El vino no da respuestas, pero hace olvidar las preguntas.

Y los cuatro rompieron a reír como si no lo hubieran hecho en la vida. Las comisuras de los labios se pintaron de granate porque tuvieron la nefasta idea, no de ir a bañarse a la playa, no, sino de cambiar de vino: Barrantes. Vino denso, de color intenso, con alta acidez y textura consistente que teñía todo lo que mojaba.

Al Pataca no se va a beber una vez. Se va a recuncar. A repetir copa, verso, historia o suspiro. A volver al plato que emociona, al rincón que abriga, al idioma que canta.

El blog de José María que lleva cultivando desde hace meses es como una tasca con mesa de madera y vino de Ribeiro: entra quien quiere, se queda quien siente, y repite quien encuentra agradable sabor en sus textos. Hay poesía, hay retranca, hay bichos traviesos y verdades envueltas en pan. Y si alguna palabra te hace cosquillas en el corazón… sírvete otra taza. Porque aquí, como en el Pataca, lo bueno se repite. Y si tiene algo de gallego, mellor.

Ya sabemos que los tres amigos están en el Pataca en una noche de risas y vino de Ribeiro y Barrantes. Ignacio se marchó a una hora prudente porque al día siguiente tenía que ir al chollo.

Son tres amigos de toda la vida, tres copas más de las que pensaban, y una discusión que ya parece un debate parlamentario, pero con más migas de chorizo que corbatas.

Víctor, con la taza en alto, ya en modo filósofo de barra, proclama:

―¡Pero a ver, José María! pasoreservado.com suena misterioso, elegante, como si entrar al blog fuera como colarse en un reservado con cortinas de terciopelo. ¡Tiene marcha! ¡Te invita a entrar! La camisa blanca de José María tenía una minuciosa ducha de puntitos granates provocados por la efusividad de Víctor al hablar.

―Es mi obra de arte para tu blog, sácale una foto y la cuelgas. Tendrá un éxito cojonudo.

Jorge, que ya ha dicho «¡eso, eso!» tres veces sin saber a qué:

―Sí, pero oquintodotempo.com/ tiene alma, tío. Tiene Galicia. Tiene esa cosa que no se explica, pero que se siente. Es como cuando Pepa decía «recuncar» y tú sabías que ahí había algo escondido, algo tuyo, que era digno de repetir.

José María, con el Ribeiro haciendo efecto poético:

―Es que recuncar no es solo una palabra. Es como un suspiro con raíces. Es el rincón donde se guardan las historias que no se cuentan en voz alta. Es el perro que se mete debajo de la mesa cuando llueve. Es… es mi blog, carallo.

Jorge, emocionado porque ha elegido su nombre, aunque no sabe bien la razón:

―¡Pues entonces no hay más que hablar! oquintodotempo.com/ suena a verdad. A tierra. A tasca. A ti. A mí. A Las Pateiras. A San Ramón y a bebedeira en cualquier lugar de Galicia, a San Simón.

Víctor, sirviéndose otra taza:

―Y si algún día haces una sección de «pasoreservado», que sea para los secretos, los poemas escondidos, los recunchos del alma, esa segunda vida que dices tú tener. Pero el nombre… que sea gallego, que sea tuyo.

Y así, entre brindis y patacas, se decide que el blog no será solo una página, sino un recuncho donde caben todos los Jorge, los Víctor, y los José Marías del mundo. Con vino, con alma, y con nombre gallego.

El vino ya no se sirve, se canta. Jorge rasca la mesa como si fuera una zanfoña, Víctor marca el ritmo con el vaso, y José María, está a punto de protagonizar una escena de juramento cidiano. Los tres dispuestos a recuncar por enésima vez.

Jorge, entonando como si estuviera en un festival de cantautores de Lavapiés:

―¡pasoreservado.com! Suena a jazz, a club con cortinas rojas, a contraseña secreta, a puticlub. Es como decir: solo para los que saben mirar las cosas ocultas del autor. ¡Y yo me río de que las haya!

Víctor, que ya está improvisando palmas y versos:

―Pero oquintodotempo.com/… eso es tamboril, gaitas, y pan de millo. Es repetir porque está bueno, porque emociona. Es como cuando la canción termina y todos gritan: ¡Outra vez! ¡Outra vez! ¡Outra vez!

José María, con el alma en clave de fa y el Ribeiro haciendo de afinador:

Recuncar es volver al plato, sí, pero también al verso que te hizo cosquillas. Es repetir la historia del perro que se escapó con el jamón, porque cada vez que la cuentas, alguien se ríe distinto. Es Galicia en bucle, pero con ritmo.

Jorge, ya con la taza como micrófono:

―¡Pues que sea oquintodotempo.com/! Y que cada entrada del blog sea como una canción que pide un bis. Que tenga intro, estrofa, y final y que se quede en la boca como el vino.

Víctor, levantando el brazo como si fuera una batuta:

―Y que el blog empiece con una bienvenida que suene a brindis. Que diga:

entra, siéntate, y si te gusta… recunca.

Y el taberneiro, sirviendo tazas a destajo, que lleva la camisa abierta hasta el ombligo, el delantal con manchas que podrían contar la historia de Galicia entera, y los ojos como faros en niebla de Ribeiro, se apoya en la barra como quien se apoya en la historia, y con voz cazallera, ronca y ceremoniosa, recita un romance que tiene más versiones que el rostro de la Preysler:

No nace de nube nin nace de mar, / nace nun recuncho onde se pode recuncar… 

Y volvió a callarse como si sólo fuera capaz de recitar dos versos de un romance de carallo. La mujer lo aplaudía para que siguiera como si fuera un poema nuevo y le dio un beso de recién casados.

La mesa ya parece campo de batalla de migas, la gaita duerme apoyada en la pared, y el aire está tan cargado de risas que hasta las moscas se quedan escuchando.

Al fondo de la barra, donde nadie la veía, pero todos la respetaban como a una buena meiga, estaba Lola con lengua de corcho. Había entrado sigilosamente para observar la escena. Llevaba tiempo callada, bebiendo en taza como quien bebe recuerdos.

De pronto, se pone en pie. La silla cruje como si supiera que algo importante va a pasar. Se acomoda la voz, se limpia la comisura con el dorso de la mano, y con voz de gaiteira jubilada que aún canta en los entierros, sentencia:

¡oquintodotempo.com/!

¡Carallo!

¡oquintodotempo.com/!

Porque lo que es bueno, repítese. / Porque lo que emociona, vuelve. / Porque Galicia no se visita unha vez, / recúncase. / ¡oquintodotempo.com/, carallo, oquintodotempo.com/!

Silencio. Hasta Jorge deja de rascar la mesa. Víctor se queda con la taza en el aire. José María, sonríe como quien acaba de recibir el nombre de su primer hijo. Y Lola, satisfecha, se sienta. La tasca aplaude. La gaita se despierta. Y el blog, por fin, ya tiene nombre: oquintodotempo.com/.