POÉTICA

Escribir poemas en prosa y la conversión a esta forma de toda mi obra literaria no es solo una elección técnica. Es una forma de hablar sin corsé, de dejar que la emoción marque el ritmo, y no el verso. Es escribir como quien cuenta una historia junto al fuego: con pausa, con verdad. Porque hay versos que no saben a poema, y hay sentimientos que piden un camino amplio, como los que cruzan la sierra sin mirar atrás.

La prosa poética es ese camino. Para quien ve poesía en un vistazo, en un recuerdo, en una canción que se pierde entre las piedras. Para quien sabe que la belleza siempre toca.

Aquí, en este Poetario, y con el recuerdo de Galicia, aprendo a contarlo todo con la sal y con la brétema de la vida. En mi poesía río, lloro, suplico, admiro, bailo, envidio, añoro, canto… incluso cuando llueve en mi corazón. Escribir así es también eso: una forma de galleguidad desde Madrid, de hacer de la palabra un refugio, de expandir el verso en la prosa, de digerir todo tipo de emoción hasta que se vuelve ritual. La piel que habla de mí no necesita sílabas para emocionar. Solo necesita verdad. Y tiempo para que tú la leas solo o en compañía.