PREGUNTA

De pronto, una mujer desconocida me provoca con una simple pregunta: Ahora que eres libre, ¿serías capaz de renunciar a Galicia, a todo aquello de lo que has prometido con grandísimo frenesí durante años por desentrañar la locura de una simple ansia de vivir en la tierra de Breogán donde ya no existen ni corredoiras ni romerías? Silencio absoluto.