Bienvenidos a este espacio donde nadie pregunta y, sin embargo, las respuestas fluyen como si alguien estuviera escuchando con atención irónica y lápiz afilado. Aquí comienza una entrevista singular: no hay entrevistador, no hay micrófono en la solapa, pero hay alguien que habla porque sí, «porque lle peta». Porque el silencio a veces necesita ser interrumpido con una confesión innecesaria.
Nuestro protagonista entra en escena como quien se sienta en una silla ya caliente que no tiene patas. Mira al vacío —que hoy hace de entrevistador imaginario— y empieza a responder las preguntas que nadie le ha hecho. Sin filtros, sin guion, sin ninguna pregunta que le justifique.
¡Hola, querido amigo que no estás presente!
¡Gracias por tener la osadía de no visitar este blog! No marches, hombre, no marches. Este no es un blog normal.
Llamarse JOSEMARIAMAIZTOGORES apunta seriedad y categoría, pero en el fondo es una «carallada». Un vecino gallego, en una madrugada ácida, me dijo que no entendía el término «carallada». Le expliqué que es «la manifestación espontánea de locura estilizada, con pretensiones estéticas o humorísticas. Suele aparecer en textos, conversaciones o momentos de inspiración absurda, y se reconoce por provocar sonrisas incómodas, pensamientos inútiles o reflexiones que nadie pidió».
Aquí no hay influencers, ni tazas motivacionales de regalo, ni palabras en inglés tipo live, laugh, love o cualquier otra, ni recomendaciones para cortarse las uñas sin ningún instrumento, ni invitaciones al plató porque no existe… Aquí hay galleguidad con denominación de origen. Disfrutarás con nuestra amante ironía y observarás un sentido del humor que podría curar hasta los males más serios del trabajo.
No voy a negar que también hay poemas serios, nacidos de lo más profundo de mi «no sentimiento».
¿Quién son yo? Un loco con múltiples personalidades. Depende del día. Un loco que quiere poner a tus pies (no se te ocurra poner el ordenador en ese lugar) toda su obra. Soy como una montaña rusa: el mismo día estoy en la cumbre de la positividad y de la alegría como me arrastro por «a merda das vacas». Es la mejor manera de entendernos tú y yo… ¿Y el resto de la gente? También. Mis textos son como una tortilla sin cebolla: simples, sinceros, y un poco provocadores.
¿Temas principales del blog? Cosas que no le interesan a nadie, pero que contadas con gracia parecen importantes.
—Reflexiones filosóficas sobre «los semáforos de Ourense y su enorme personalidad». Los semáforos de Ourense no son meros artefactos urbanos. No. Son entes existenciales, testigos silenciosos de un tiempo que no corre, sino que se dilata entre el verde que nunca llega y el rojo que insiste como una declaración de principios.
—Experimentos sociales como «comer caldo en agosto para ver si la abuela deja de protestar». Estudio socioculinario sobre la tolerancia térmica emocional de las abuelas gallegas ante el caldo en verano: Si uno come caldo en pleno agosto a 35º a la sombra, a las tres de la tarde, la abuela dejará de emitir quejas climatológicas y, por primera vez en la historia documentada, asentirá en silencio… aunque sea por tres segundos.
—Listas absurdas como «los siete signos de que eres gallego, aunque hayas nacido en Madagascar». Por ejemplo, uno: Eres capaz de discutir durante una hora sobre el grado de ternura exacto que debe tener el pulpo, como si fuera cuestión de Estado.
—Estudios científicos (totalmente inventados) sobre «la ironía como método de defensa personal». En un minucioso estudio realizado por el inexistente Instituto de Neurobuceo Aplicado de la Universidad de San Cucufato del Oeste, 327 conejillos de indias humanos fueron sometidos a situaciones sociales incómodas —como reuniones familiares con suegros opinadores y entrevistas de trabajo sin sentido— para analizar el impacto de la ironía como escudo emocional.
—«Sufrimientos emocionales que manifesté cuando me quitaron la primera muela». Fue en 1965, año glorioso de la anestesia dudosa y la empatía en baja. Entré al dentista con una muela rebelde y salí con menos piezas dentales, menos dignidad y más traumas emocionales que una sesión de psicoanálisis con Freud en ayunas.
—Caralladas literarias estilo la siguiente. La tortuga entró en un bar, pidió un vino Mencía y tres cangrejos de río vestidos de filósofos griegos. El camarero, con forma de triste paraguas, la miró de reojo y le preguntó: ¿Tiene usted licencia de soñadora profesional? Ella respondió con un poema sobre semáforos rebeldes que bailan muñeiras los domingos. Todo el bar estalló en aplausos filosóficos. Y la lluvia celosa decidió escribir su novela autobiográfica en braille líquido.
—Auténticas joyas del disparate con toque culto. Don Casimiro, filósofo de taberna y poeta de urinario público, escribía sus aforismos en la espuma del vermú, mientras discutía con Heidegger a través de la radio sobre las deposiciones consistentes en Ourense.
—Textos irreverentes. El santo patrón del sarcasmo apareció en el espejo del ascensor y me dijo: «Confía en ti… pero no demasiado, ya te conozco» y me realizó una bendición con olor a café recalentado.
—Críticas «serias» de libros inexistentes. Título imaginado: La melancolía del refrigerador vacío por Eusebio Rascatripas. Lo más destacado por inexistente: el capítulo siete, «Oda a la cebolla ausente», es una pieza lírica que debería incluirse en todo programa de estudios de filosofía aplicada.
—Personajes ridículos con fondo literario. Don Anselmo es un hombre de bigote asimétrico y capa de terciopelo que lleva siempre consigo una antología de autores que nunca existieron. Habla en verso endecasílabo incluso cuando pide el pan, y corrige la sintaxis del viento con una vara de mimbre.
—Microrrelatos con finales sin sentido. El perro de la familia, que no ladraba desde 1983, empezó a recitar nombres en latín. La abuela observaba desde el espejo, donde ya no tenía ojos, solo dos lunas giradas hacia adentro. Y en la radio, un locutor anunció la hora: «Son las tres de la mañana en todas las ciudades de Galicia menos en la tuya».
—Recuerdos de la infancia y la juventud… De pronto, con la lectura, te viste atrapado en discusiones sobre si el narrador era fiable, si el autor vivía atormentado o simplemente no sabía usar comas. Y lo peor: empezaste a entender las letras pequeñas de los contratos. Ya no había vuelta atrás.
—Y textos serios sobre el amor, la nostalgia, la desolación, el desamor, la geografía gallega… La soledad es humana porque tiene rostro: el nuestro, cuando fingimos reír, cuando decimos «estoy bien» con el tono justo para que no pregunten más. Se camufla en rutinas, se disfraza de independencia, se justifica con agendas llenas de cosas que no importan.
—Y nuevos capítulos de Hatroz, evidentemente.
¿La frecuencia de publicación? Cuando tenga tiempo, ideas, cuando el maldito wifi (por favor, pronuncia «guaifai») no me abandone o cuando me venga la inspiración de la Reina Lupa, muller de armas tomar. Publico con más regularidad que el tren A Coruña—Vigo… lo cual, siendo sinceros, tampoco es muy difícil. Quien lo probó lo sabe. Lo mismo con el AVE Santiago—Oporto, que no existe.
¿Objetivo final? Que te rías, me odies o me ames. O que pienses «vaya chorrada, pero nos hacen falta estas tonterías». Porque en el fondo, este blog es como ese vecino del quinto que nunca está bien de la cabeza, pero que siempre tiene una frase que te alegra el día. Si te gusta el sentimiento gallego, la ironía, el dolor emocional y reírte de ti mismo o de mí (o de la vida en general), este blog es como la lluvia: viene sin avisar, te moja por dentro, y a veces acaba en fiesta…o desgracia.
¿Qué razones tengo para publicarlo?
Porque hoy, querido lector, lloré los siete mares. Sí, lloré. Y mucho. Pero no por un amor perdido, ni por el descalabro de la filosofía existencial, ni porque no «depusiera sólido» el perro del vecino. No. Lloré porque el pan de mi empanada estaba seco.
Seco como mis sentimientos cada vez que recibo un mensaje que me dice: «adiós, plasta, adiós» y nada más. ¡Eso no es mensajería, eso es terrorismo emocional!
Después de un llanto tan triste, escribí en la cama un texto caralludo: Lloro, sí… pero no tanto por amor. El amor es una mierda. Lloro por cosas serias. Parece que cogí la cebolla que había cortado ayer en el baño. Estoy ahogado en pensamientos… y no he sido capaz de pensar en mi propia ducha, porque olvidé que hoy había corte de agua de 7 a 10. Luego miré el móvil: nada personal. Solo el guasap del grupo «carallóns» diciendo «Hola, salí de la Xunta y marcho para casa porque no me han elegido presidente». Pienso en una declaración de amor y quiero escribirle un poema, pero el corrector automático transforma «dolor» en «doctor» y ahora parece que sufro, sí… pero con estilo. Suspiro tan fuerte que la cámara de mi ordenador viaja por la ventana a la velocidad del sonido. Ya no te puede ver.
¿Alguien me pidió que escribiera un blog? Nadie contesta. Y cada lágrima que me cae en el teclado… rebota como un balón de fútbol gallego y me hace llorar más. Pero no me mires así, yo también soy complejo. Soy gallego: mitad lluvia, mitad sentimiento, y un cien por cien indeciso. El otro día me preguntaron: «Tienes frío?» Y yo respondí:
«No sé, el cuerpo me dice que sí, pero el alma dice que está bien». ¡Coño!, pues ponte a escribir un blog. Y así fue. Borré los existentes.
Último argumento. Así vivimos: con bufanda y contradicción. Intento hacer meditación y escribir… pero en mi cabeza hay un cuarteto de gaitas tocando la «Muiñeira de la ansiedad». Quise probar el yoga… Acabé en posición fetal, abrazado al radiador, diciendo: «¡Oh, Dios, qué estrés!». Pero yo sigo adelante. Porque si voy a llorar, que sea por cortar cebolla haciendo un caldo con marisco, no por amores que se escapan como el wifi cuando más lo necesitas. Y se caen lágrimas, que caigan sobre un plato de pulpo. Que así por lo menos tienen donde remojar. ¡Ah! Si has llegado hasta aquí, es que has entrado por la puerta grande de mi blog.
Estoy más que preparado para repartir diversión, tristeza, sarcasmo, y unas buenas dosis de ingenio. Aquí puedes contar conmigo para cosas útiles, inútiles o absurdamente necesarias. La clave está en mezclar el universo literario con la irreverencia y el sentido del humor gallego. Te pido un chisco de inteligencia, mucha ironía y libertad total para mandarme a sembrar patacas. ¡Gracias!
