«SONMEIGO» (JMMT)

ME GUSTARÍA…

… disfrutar de una sonrisa, sea ésta joven o ya madura, liberarme de la tristeza con la fuerza de un titán, quemarme en el horno de una ausencia, deshabitar la floración de mi soledad y plantar un árbol que sea compañía y no sólo sombra. 

AQUELLA TARDE

La tarde cae despacio sobre la mesa de aquel bar. Dos copas vacías, algunos recuerdos y un imposible que nos empeñamos en que sea real. Tú hablas de nuestros sentimientos como el marinero que come a nuestro lado habla de la mar: a veces están en calma y reflejan el cielo con claridad, y otras veces se agitan en tormentas que parecen interminables. Y yo, crédulo e infeliz, asiento con firmeza. No quiero saber que en este mismo momento te estoy perdiendo. 

DESEO

Mi sombra se ríe de mí, con esa ironía silenciosa que parece conocer todos mis secretos, y me dice que el cuerpo los olvida con el tiempo. Pero no es cierto, porque basta con pensarte un instante —recordar tu piel, tu respiración, la manera en que te acercabas sin prisa— para que algo dentro de mí despierte. Entonces mi mano recuerda antes incluso de que lo decida mi mente, y comienza a moverse lentamente, con un ritmo antiguo y natural, como la marea que avanza y retrocede sin pedir permiso. Poco a poco el cuerpo vuelve a latir con una intensidad que creía apagada, y cada recuerdo se vuelve más claro: tu boca, tu lengua, la noche en que nuestros cuerpos se buscaron con urgencia mientras el resto del mundo desaparecía alrededor. Mi sombra intenta detenerme, intenta convencerme de que todo eso pertenece al pasado, pero el deseo ya ha comenzado a caminar y no escucha advertencias. La habitación parece arder despacio, como si el aire mismo estuviera cargado de una electricidad suave, y dentro de mí crece una ola que no deja de elevarse. Cierro los ojos y dejo que llegue ese momento inevitable, esa convulsión breve y profunda del placer que atraviesa el cuerpo como un relámpago silencioso. Después llega el silencio, y la respiración vuelve poco a poco a su ritmo lento mientras el cuerpo recompone su calma. Entonces me levanto, recojo las cenizas invisibles que quedan en la habitación, y escribo con ellas, porque incluso la ausencia puede convertirse en palabras. 

CENIZAS

Me despierto entre cenizas, con la sensación extraña de que alguien intentó quemarme durante la noche, aunque también podría haber sido solamente un sueño que todavía se aferra a mi piel cuando abro los ojos. Me levanto despacio y sacudo el polvo gris que cubre mi cuerpo, como si cada movimiento despertara recuerdos antiguos, porque hubo en mí una fuerza que ardía con intensidad, un fuego antiguo que parecía imposible de apagar. Sin embargo, ahora solo quedan restos tibios, brasas ocultas bajo una capa de silencio. Me palpo el pecho casi sin pensarlo, y entonces los pezones me despiertan una memoria inesperada, como si todavía recordaran la presión de tus dientes y el eco de tus labios. Cierro los ojos lentamente y, mientras respiro hondo, imagino tu boca acercándose otra vez, tu respiración cálida recorriendo mi piel como una corriente suave que vuelve a encender lo que creía dormido. Pero la sombra aparece, inevitable, y me susurra con una voz tranquila que ya no volverás. Entonces me dejo caer en la vieja butaca, de cuero cansado y oscuro, mientras la habitación parece respirar despacio a mi alrededor. Evito mirarme en el espejo, porque sé que encontraría demasiada tristeza en ese reflejo, demasiada ausencia acumulada en los ojos. Y, sin embargo, algo comienza a despertar dentro de mí, una memoria profunda del cuerpo que se mueve lentamente, oscura pero persistente. Es entonces cuando pienso en ti, y en ese instante el deseo regresa, no como un incendio, sino como una brasa pequeña que, a pesar de todo, sigue viva. 

CARTA

Quizais algún día leas isto. Non é unha confesión. Non é unha declaración. É só a miña maneira de poñer orde ao que sentín por unha muller cuxo nome non quero escribir. Non porque non o mereza, senón porque o nome a encerra, e eu só quero quedar co misterio.

Non sei se existiu tal e como a lembro. Ás veces penso que foi unha luz que me acompañou cando todo estaba escuro. Outras veces creo que si a toquei, que si estivo, pero xa non lembro a súa pel. Sexa real ou inventada, o que deixou en min foi verdade: tristeza, ledicia, soidade, un amor que nunca chegou a ser, unha nostalxia que non sei de onde vén. Todo iso xunto. Todo iso revolto. Ás veces afúndeme. Ás veces sálvame.