«SONMEIGO» (JMMT)

«LAS CUATRO Y DIEZ» DE LUIS EDUARDO AUTE

«Las cuatro y diez» es una de esas canciones que no se escuchan solo con los oídos, sino con la memoria y con el corazón. Cada vez que la escucho siento que Luis Eduardo Aute fue capaz de atrapar un instante aparentemente sencillo y convertirlo en algo eterno. No habla de grandes gestas ni de amores imposibles; habla de ese temblor único del primer amor, de la inocencia de una adolescencia que descubre el deseo, la admiración y la belleza.

Lo que más me emociona es la ternura con la que recuerda aquel momento. No hay nostalgia amarga, sino gratitud. Como si los años hubieran pasado, pero las emociones siguieran intactas, suspendidas para siempre en esas cuatro y diez. Todos guardamos una hora así en nuestra vida: un instante que, sin saberlo, nos cambió para siempre.

Aute consigue que una escena cotidiana —un cine de barrio, una película, una muchacha— se convierta en un refugio emocional donde el tiempo deja de avanzar. Por eso esta canción me conmueve tanto: porque me recuerda que los recuerdos más importantes no siempre son los más espectaculares, sino aquellos que conservan intacta la capacidad de hacernos sonreír y emocionarnos décadas después.

«Las cuatro y diez» es, para mí, una declaración de amor a la memoria, a la juventud y a esos momentos que nunca regresan, pero que tampoco nos abandonan.

JUEGO DE PALABRAS

Te extraño. Y lo que más me extraña no es tu ausencia, sino que parezca no dolerte la mía. Te extraño, y me extraña que ya no me extrañes. Te lo repito porque hay heridas que sólo saben decirse de una forma: cuanto más te extraño, más me extraña que tú no me extrañes. Porque uno espera que el vacío tenga eco. Que la falta se note en ambos lados. Que la distancia haga el mismo ruido en dos corazones. Pero no. Y entonces ya no sé qué es más difícil: extrañarte o aceptar que quizá soy el único que todavía extraña.

A MESMA CHUVIA

Escoita como tempera a chuvia que leva anos na miña memoria xogando co mar. Todo é húmida monotonía. Esta chuvia repite sempre a eterna canción dunha árbore de follas secas que espía a miña sombra cando o vento vulnera o teu perfil. Entón imaxino a túa silueta xeométrica na sombra dos meus ollos e confúndote precipitadamente entre a algarabía de falsos soños. Debuxas unha elegante improvisación coas curvas do teu sorriso e reúnes secretamente os meus vibrátiles arrabaldes nun soto de esferas cúbicas. Eterna chuvia de tedio e música intacta, só me axudas a descubrir que as túas meixelas proen nos meus ollos cando a escuridade nos congrega nunha mesma ausencia. Ignorámonos. Afastámonos coa proximidade de quen agarda o que nunca terá. Eterna chuvia de imaxes indescifrables. Cando volverás acariciar as entrañas da nosa claridade?

EN ESTA NOCHE OSCURA Y SOLITARIA

En esta noche oscura y solitaria te sigo esperando. Como hace meses. Pero ya son demasiadas las lunas que me llevan a un destino imaginario. Y el viento repite tu nombre entre las sombras, como un eco cansado que se niega a morir. Las estrellas observan mi silencio sin respuesta, mientras el tiempo deshoja su jardín sobre mí. He contado las horas en la arena de los sueños, y todas se han perdido antes del amanecer. Quizá ya no regreses por los caminos de la memoria, pero aún guardo una luz encendida para tu regreso.

QUIZAIS

Quizais por todo o dito ata agora, ou tal vez por outra inacabada e amarga serenata de fantasmagóricas sangrías, de xeito imperdoable, limpo e sincero, deixei caer no silencio as palabras que me sostiñan. Quizais porque a noite gardaba un segredo de cinza e sal, ou porque o vento levou consigo a derradeira esperanza, ficou o corazón á deriva entre sombras e lembranzas, agardando un amencer que nunca soubo chegar.