«SONMEIGO» (JMMT)

NÓS

Discutimos sobre a vacuidade do ser humano, dicímonos ata logo cando o outro dicía agora, pertencemos a un outono de praceres xa caducos, somos mortais, como todos, e agardamos a eternidade en cada pegada que acariciamos, mais seguimos acendendo luces contra a noite, coleccionando instantes que o tempo esquece pronunciar, erguendo refuxios de palabras sobre a area dos días, aprendendo que tamén a perda ten a súa música, e que ás veces abonda unha man tendida para que o abismo se converta en camiño. Porque, ao final, non fomos máis ca unha breve chuvia, unha respiración compartida entre dous silencios, mais mentres durou o milagre, soubemos chamarlle vida. 

PEDORRO/A

Ventilar un pedo es, aunque pocos lo admitan, un arte ancestral de equilibrio entre la necesidad biológica y la dignidad social. Hay quienes lo tratan como una operación de inteligencia: calculan ángulos, presiones y corrientes de aire, ejecutando el ‘sigiloso estratégico’ con la precisión de un francotirador. Otros prefieren el ‘modo ventilador’, confiando en un giro de cadera que disperse la evidencia antes de que la conciencia —o el olfato ajeno— la detecte. En la oficina abunda el ‘pedito diplomático’, liberado entre el chirrido de la silla y un tosido casual, mientras los más creativos optan por el ‘culposo’, que siempre encuentra en el perro un perfecto chivo expiatorio.

Pero no faltan los valientes: los que hacen del gas una declaración de principios, el ‘artístico’ que se libera con orgullo y melodía, dejando su huella olfativa como si fuera firma de autor. Y cuando la situación se pone crítica, entra en escena el ‘camuflaje táctico’: una combinación de paso disuasorio, mirada inocente y cambio repentino de conversación. Porque ventilar un pedo sin ser descubierto exige cálculo, descaro y fe en el azar.

Al final, nadie escapa a esta democracia del aire: todos lo hacen, nadie lo confiesa, y solo unos pocos logran convertir el momento en una pequeña victoria contra la represión intestinal y la hipocresía social. Porque, en el fondo, cada pedo ventilado es un recordatorio humilde pero poderoso de que, por muy civilizados que pretendamos ser… seguimos siendo criaturas de gases y esperanza. 

«TU TRISTEZA» DE ENRIQUE URQUIJO Y LOS PROBLEMAS

«Tu tristeza» es una de las canciones más singulares y poéticas de Enrique Urquijo con su proyecto paralelo Los Problemas. Aparece en el álbum Desde que no nos vemos (1998), una etapa en la que Enrique Urquijo desarrolló un repertorio más íntimo, acústico y emocional que el de Los Secretos.

¿De qué trata realmente «Tu tristeza»? La canción utiliza una idea muy original: la tristeza aparece personificada como si fuera una compañera de viaje, una amante o una presencia constante que, de repente, abandona al protagonista. Otros ven en la canción la sencilla ruptura de una relación amorosa.

Lo habitual en las canciones es que alguien quiera librarse de la tristeza. Aquí sucede algo más complejo: el narrador parece tan acostumbrado a convivir con ella que cuando desaparece siente una especie de vacío.

Por eso la canción tiene una lectura paradójica: Habla del dolor. Habla de la pérdida. Pero también habla de perder aquello que nos acompañaba incluso cuando nos hacía daño.

Es una reflexión muy propia de Enrique Urquijo, cuya obra está llena de personajes que viven entre la nostalgia, la melancolía y el recuerdo. Muchos críticos y seguidores han señalado precisamente esa capacidad suya para convertir emociones difíciles en relatos sencillos y profundamente humanos.

Análisis de los símbolos principales

El arcoíris. Al comienzo aparece la imagen de un arcoíris y de un amor lleno de color. Simboliza: La inocencia. La idealización del amor. La felicidad inicial. Es la visión romántica de alguien que cree que todo brillará para siempre.

El cielo que se nubla. Después llega la tormenta. La nube representa: El fin de la ilusión. El desencanto. La quiebra de un amor. El momento en que la realidad rompe las expectativas. Es un recurso clásico en la poesía, pero Urquijo lo usa con una enorme sencillez.

El avioncito de papel. Probablemente es la imagen más hermosa de toda la canción. Puede interpretarse como: Los sueños infantiles. Los proyectos que no llegan lejos. La fragilidad de los deseos humanos. Un avión de papel vuela un momento y luego cae. Exactamente igual que muchas historias de amor.

La tristeza como personaje. Este es el núcleo de la canción. La tristeza no es un sentimiento abstracto. Tiene comportamiento humano: Aparece. Acompaña. Se queda. Finalmente, se marcha. O es la razón de la ruptura amorosa.

La canción plantea una pregunta muy profunda:

¿Quién eres cuando desaparece aquello con lo que llevabas tanto tiempo conviviendo? ¿Quién eres cuando te deja tu amor por tu tristeza?

Componentes musicales. Los Problemas tenían un sonido muy distinto al de Los Secretos. En «Tu tristeza» destacan: Guitarras acústicas. Piano. Arreglos sobrios. Ritmo pausado. Una interpretación vocal muy contenida. No hay grandes explosiones emocionales. Todo está al servicio de la letra.

La voz de Enrique. La interpretación es fundamental. Urquijo no canta desde la técnica virtuosa. Canta desde la vulnerabilidad. Su voz transmite: Cansancio. Ternura. Resignación. Cercanía. Por eso muchas de sus canciones parecen conversaciones más que actuaciones.

¿Es una canción triste? Sí, pero no solamente. Tiene varias etapas: El final de una relación. Aprender a vivir con el dolor, la identidad construida alrededor de las pérdidas y la personificación de la tristeza. Por todo ello, cada oyente encuentra algo distinto.

Relación con la vida de Enrique Urquijo. Es difícil separar esta canción de la personalidad artística de Enrique. Aunque quienes le conocieron insistían, e insisten, en que no era una persona permanentemente triste, sí era alguien de enorme sensibilidad, y muchas de sus composiciones nacían de experiencias emocionales muy intensas. Su obra está llena de nostalgia, ausencias, recuerdos y búsquedas imposibles.

«Tu tristeza» encaja perfectamente en esa visión del mundo: La tristeza no es un enemigo. Es una compañera, aunque sea la causa de la ruptura. A veces incluso una parte de uno mismo.

Lo que hace grande a esta canción no son sus acordes ni su producción. Es la idea central. En lugar de decir: «Estoy triste porque alguien se fue», dice algo mucho más original: «Estoy desconcertado porque se fue mi propia tristeza». «Estoy desconcertado porque se fue mi amor».

Esa inversión convierte una canción aparentemente sencilla en una reflexión muy profunda sobre la identidad, la melancolía y la costumbre de vivir con ciertas heridas.

Y ahí está una de las grandes virtudes de Enrique Urquijo: escribir letras que parecen simples al escucharlas por primera vez, pero que siguen creciendo en significado muchos años después.

Te adjunto el enlace para que la escuches.

CARBALLEIRA

Pienso en voz alta mientras avanzo por un camino de esta carballeira que echaba de menos. A veces lo que surge es prosa que busca un ritmo más que una conclusión; otras, preguntas que permanecen abiertas como claros en el bosque. No quiero enseñar nada, ni convencer a nadie. Quiero compartir este proceso mínimo: el gesto humilde de nombrar para que no desaparezca, de escribir para que lo vivido no se diluya sin dejar rastro. Y cuando llego al final del sendero —o quizá a su comienzo— siento que algo ha sido dicho, aunque no sepa exactamente qué. Me acompaña el olor de la tierra mojada, el crujir de las hojas bajo los pies, esa calma que no resuelve nada y, sin embargo, lo sostiene todo. Sé que mañana el tiempo volverá a apremiarme, que el ruido regresará con su insistencia habitual, pero también sé que esta carballeira permanece aquí, aguardándome. 

MIL CAUSAS

Por transitar bordeando un cantil do que ninguén regresa, por viaxar de forma inhóspita a lombos dun galope de soños, por asubiar unha melodía irrecoñecible en interminables madrugadas, por empeñarme en escribir un epitafio no patíbulo de mil crebacabezas, por adornar con flores profanadas o efémero da miña ledicia, por… por todo iso fuxo cando a pegada duns pés espidos se fai muller na miña presenza.