«LAS ARISTAS DE MI VERDAD»

MEMORIA

Ella sonríe. ¿No la conoces? Silencio absoluto. El viejo escritor confunde con nitidez realidad y ficción. Su pulso emocional le lleva a una adolescencia mal vivida, por dispersa y disparatada, pero la realidad de su vida lo envuelve en un viscoso magma de irreproducibles recuerdos, por una hiriente pérdida de memoria. 

CINES

Nuestro viejo escritor, cuando, en un arrebato de nostalgia, se puso a pensar en las aventurillas furtivas de los cines en la adolescencia en horario escolar, aquella época en la que había salas por doquier y la novedad de cada una de ellas se convertía en una invitación a la clandestinidad académica. 

AQUEL BESO

Aquel beso, aquella mano, aquel deseo. Los tres, desde hace tiempo, por ti, abiertos a fuego vivo. Los tres, desde hace tiempo, por ti, de tu cuerpo enamorados. Los tres, desde hace tiempo, por ti, habitantes de un sueño dormido de caricias. Aquel beso, aquella mano, aquel deseo, guardados entre los suspiros de un verano sin retorno, duermen en mi oscura memoria, lejos de tus ojos, muy cerca de mi alma. Fueron sólo un instante y ya son la eternidad.

AUTOESTIMA

Se miró al espejo y se dijo: «Nadie me merece». No lo dijo con tristeza, sino con una arrogancia que disfrazaba su miedo. Se veía a sí mismo como un dios de mármol, perfecto en forma, pero incapaz de amar sin pedestal. Quería ser admirado, no tocado. Y así, se convirtió en una estatua rodeada de ecos, sin manos que lo abrazaran ni corazones que lo entendieran. 

LA PRIMAVERA

Se abrazaron como si el invierno dependiera de ellos, como si el calor humano pudiera detener la nieve. En ese instante, fueron primavera: brotaron sonrisas, florecieron sus miedos, se derritieron las distancias. Pero la estación pasó, y el frío volvió sin pedir permiso. El abrazo quedó como un jardín secreto en sus memorias.