«LAS ARISTAS DE MI VERDAD»

AUNQUE DUELA

La soledad camina conmigo. No la amarga. La otra. La que te deja escuchar lo que de verdad sientes. No consuela. No pregunta. Solo te deja estar contigo, aunque duela. Ahí entiendo que el desamor no siempre es perder algo. A veces es aceptar que lo que uno quiere no puede ser. Y que la vida sigue, sin esperarnos, aunque duela. Y aun así, el amor platónico me sostiene. Ese amor sin cuerpo, sin tiempo, sin posibilidad. No es pequeño. Vive en lo que imagino, en lo que no se toca, en lo que no se estropea. No pide nada. No exige nada. Solo existe. Y a veces existir es suficiente, aunque duela. Si quieres, puedo llevarlos todavía más lejos: más rotos, más mínimos, más como pensamientos que uno escribe sin levantar la cabeza de la almohada. ¿Quieres que los haga aún más íntimos o prefieres que los deje así? 

ROTURA

Ella le dijo «te amo» con miedo, como quien entrega un cristal que ha cuidado toda su vida. Él respondió «yo más» con prisa, como quien lo deja caer sin mirar atrás. El amor, tan frágil como transparente, se rompió en el suelo de la indiferencia. Ella recogió los pedazos sola, mientras él seguía caminando, sin notar el sonido de la rotura. 

CHARLA

Una charla cualquiera es el andamio de un vértigo indescriptible. Mi presente se muestra absolutamente desnudo y a mi memoria sólo acuden deshabitadas habitaciones de hotel. 

EGOÍSMO

Se amaba tanto que no cabía en ninguna relación. Era un castillo sin puertas, solo espejos que reflejaban su propia imagen una y otra vez. Quien intentaba entrar, se perdía en laberintos de su ego, sin encontrar nunca una habitación donde quedarse. El amor propio se volvió muralla, y la soledad, su única huésped. 

EL OLVIDO

Él borró sus fotos, sus mensajes, sus rastros. Eliminó cada huella digital como quien barre una casa vacía. Pero no pudo borrar el eco de su voz, que aún vivía en las paredes, en los rincones donde solía reír, en los silencios que ahora pesaban más que cualquier recuerdo. El olvido no siempre es total.