La timidez que llevo no es una debilidad, es una forma delicada de sentir el mundo. Cada palabra pesa y cada gesto necesita valor. Hay noches en las que el silencio duele y mañanas en las que desearía desaparecer. Eso no me hace menos, solo me muestra cuánto cuido de mí y de los demás. Dentro de ese pudor hay una fuerza tranquila: la capacidad de observar con atención, de escuchar con ternura y de brillar en momentos pequeños, pero verdaderos. Quiero avanzar a mi ritmo, celebrar los pasos diminutos y recordar que, quienes me quieren, ven la belleza de mi sensibilidad, incluso cuando aún no la veo yo.
«SONMEIGO» (JMMT)
PUFO Y CUENTO
Te hablo de pufo, estafa, timo, fraude o engaño. Pero legal. Yo lo veo así, pero el protagonista del cuento que te voy a narrar está en un absoluto desacuerdo conmigo.
El origen de la palabra PUFO se relaciona con el sonido del aire escapando de la boca como un globo que se desinfla. Esta imagen se utiliza para representar algo que parece sólido o valioso (el dinero o la realización de un encargo), pero que en realidad no lo es y desaparece, dejando solo un vacío o una «inmundicia».
Hablo de un aficionado a contar historias, propias o ajenas, reflexiones o lo que fuere. Pongámosle de nombre Inocencio. Su pasión es tal que decide que un «experto» mejore su blog, porque, según conocidos suyos, el actual es un blog decadente, obsoleto y «feo».
La única razón de recurrir a un especialista es que Inocencio no sabe nada de programación, ni de diseño web, ni de inglés, los pilares de la web.
Sin inmutarse, Inocencio se lanza a buscar ayuda en la red. Es entonces cuando conoce a un «experto», un desarrollador que se hacía llamar «arquitecto digital». El «experto», con un arsenal de tecnicismos como CSS, HTML, JavaScript, Jetpack, plugins, páginas y APIs, convence a Inocencio de que él es la única persona capaz de «rescatar» el blog que tiene en mente. Le promete un sitio web «de última generación», «único» y «personalizado».
Inocencio, deslumbrado por la jerga y la confianza del «experto», acepta. No le importa pagar 25 euros por hora de trabajo, pensando que eso lo va a controlar desde su casa: trabajo domiciliario. Pero no, el «experto» le asegura que trabaja con más eficiencia desde su casa. Inocencio lo acepta a regañadientes porque no le queda otra. El precio está justificado por la «complejidad» y la «exclusividad» del proyecto. Inocencio empieza a acordarse de la canción Parole, parole, parole de… Mina Mazzini y Alberto Lupo.
Después de cuatro horas de trabajo, el «experto» conecta a Inocencio con su blog. Lo ve tan sencillo, tan minimalista que…se desmorona. Nuevas promesas llenas de palabras que Inocencio sigue sin entender.
Pasadas otras cuatro horas, el «experto» le «entrega» el blog. Lo mismo. Inocencio ve lo mismo. El «experto» vuelve a un sinfín de palabras que Inocencio no entiende. Me has entregado una «pesadilla digital», le dice. No eres consciente de todo lo que he realizado en las «tripas» de tu blog, de verdad, le dice usando un término muy coloquial, remata diciéndole por teléfono. Pasa el día Inocencio muy atribulado y pensando que ha sido pasto de un perfecto pufo.
Lo peor de todo, es que al día siguiente intenta contactar con el «experto»: el número de teléfono no existe y su correo electrónico le rebota todos los correos porque no existe tal dirección. Cuando Inocencio quiere subir hoy domingo 24 de agosto ―San Bartolomé, desollado vivo por no renunciar a su fe―, a las cinco de la mañana su primera entrada, descubre que no tiene acceso al panel de control. Para cualquier cambio tiene que contactar con el «experto», que ha desaparecido. Sí. Ha desaparecido. Inocencio «se papa» un sinfín de tutoriales en youtube.
Inocencio, sintiéndose estafado y frustrado, se da cuenta de su ingenuidad. Le recuerda a Mr. Bean, que lo convencen enseguida para comprar los objetos más inútiles.
Había pagado un dineral por algo que no podía usar. Con el corazón roto y la cartera vacía, decidió cortar por lo sano con el «experto». Al final, después de mucho investigar y tragarse tutoriales, descubre plataformas de blogs intuitivas y gratuitas que le permiten, al fin, crear su propio espacio de forma sencilla, sin necesidad de códigos ni de intermediarios. Ya tiene trabajo para la próxima semana.
La moraleja de la historia de Inocencio es que a menudo, lo más simple es lo más funcional, y que un buen profesional no es el que habla más complicado, sino el que te entiende, te da una solución que realmente necesitas y hace lo que tú quieres.
¿POR QUÉ «RECUNCAR»? Y PRÓLOGO DE ANSELMO TARDÓN
Este blog REnació como nacen muchas cosas importantes: sin prisa, sin ruido, pero con una necesidad profunda. La de poner en palabras lo que a veces se siente, pero no se dice. La de reunir los pasos que he dado, los que me han llevado lejos, los que me han hecho volver, los que aún no sé a dónde me llevarán.
oquintodotempo.com/ nació también para pensar en voz alta, para escribir sin filtros y para compartir lo que me mueve. Aquí hay reflexiones, anécdotas, momentos, preguntas sin respuesta, y alguna que otra historia que se cuela entre líneas. No pretendo enseñar nada, pero si algo de lo que escribo te acompaña, te hace frenar un segundo o te deja pensando, entonces ya vale la pena.
Escribo como camino: a veces rápido, a veces despacio, a veces sin saber muy bien el porqué. Pero siempre con la intención de estar presente. Este blog es eso: presencia. Un espacio para mirar hacia dentro, para conectar con lo que importa, para no olvidar que cada paso cuenta.
Gracias por pasar por aquí. Siéntete libre de leer, comentar, compartir o simplemente quedarte un rato. La puerta está abierta.
PRÓLOGO DE ANSELMO TARDÓN, CRÍTICO QUE AÚN NO HA LEÍDO ESTE BLOG:
Esta es la edición definitiva, en un solo dominio, de las obras completas de este prosista de pasillo, que escribe mientras camina por ese río estrecho que no existe en su casa. Es un escritor en versión beta porque ninguna obra suya llega a la versión final. Lo he apodado «El Sísifo digital». Es un autor prolífico en lo que respecta a páginas de inicio y entradas de presentación. Su carrera literaria está marcada por la creación compulsiva de blogs. Se estima que ha inaugurado 87 en los últimos cinco años, todos con la primera entrada titulada «Ahora sí que sí». Cada blog empieza con grandes promesas, un diseño minimalista y un lema ambicioso («Este será mi espacio definitivo»), y termina, invariablemente, con una última entrada de disculpas: Perdón, pero me tengo que ir. Su obra completa podría recogerse en un volumen titulado «Dominios comprados y olvidados», que incluiría capturas de pantalla de todos sus encabezados y un apéndice con las contraseñas que ya no recuerda. Bienvenido sea este nuevo blog, que, por cierto, aún no he leído.
RECUNCAR
¡Buenos días!
Deseo de corazón que tanto tú como tu familia estéis pasando unas descansadas vacaciones. Si ya han terminado, te deseo que tengas / hayas tenido una soportable integración al trabajo.
Te agradezco que me sigas como suscriptor o lector. Espero que sea por muchos años más. Desde el punto de vista literario, me está costando un gran esfuerzo creativo el mantenimiento del blog, aunque lo haga con sumo entusiasmo.
Compartir su contenido contigo me produce tal placer que, cuando me sé leído por ti, siento lo mismo que si disfrutáramos, como amigos, de un suculento café una noche de invierno en una tranquila terraza.
Los suscriptores de reciente incorporación no lo habrán percibido como los veteranos, los que me soportáis desde tiempo inmemorial. Me refiero a diversas entradas que están reescritas por mí. Me he dado cuenta de que «exigían» esos retoques y confío en que lo entiendas perfectamente.
Saber que al otro lado estás tú dando sentido a cada palabra que escribo, es una de las razones por las que este espacio sigue vivo. Yo necesito escribir, pero también necesito que tú, lector silencioso, conviertas mis ideas en una vivencia especial y desconocida. Que tú estés ahí me motiva una barbaridad, aunque no nos veamos, pues sé que compartimos el instante de la creación y la lectura.
Aunque no nos conozcamos, cada lectura tuya deja en mí una huella que ni te lo imaginas, un eco de sabrosa compañía, una chispa de gratitud que crece con cada palabra compartida. No solo me inspiras a seguir escribiendo, sino que también me haces sentir que este espacio tiene sentido cuando alguien, al otro lado, se detiene a «escuchar» con los ojos. Es un lugar donde las palabras tienden puentes entre quien escribe y quien lee.
Mi intención siempre ha sido, y sigue siendo, que este blog sea un rincón donde encuentres algo útil, entretenido o inspirador para tu día a día. Y gracias a ti, que sigues acompañándome en este camino, puedo seguir creando con ilusión y ganas porque sé que hay alguien que juzgará severamente mis entradas.
Quiero contarte que voy a hacer algunos ajustes en el blog para mejorar tu experiencia. Especialmente, un diseño más claro. Me lo han aconsejado no sé cuántas veces, pero nadie cuenta con mi impericia. Para mí, lo difícil es facilísimo para un experto.
Seguirás recibiendo el mismo correo con el texto exactamente elaborado por mí en las mismas condiciones. Eso no va a variar en absoluto. Los cambios los verán los que entran directamente al blog. Confío en que percibas de igual modo la esencia de mis textos. La de siempre. Sólo me dicen que debo presentarla de una manera más cómoda, agradable y atractiva. Me dicen.
El contenido seguirá siendo el mismo que os gusta, solo que con una presentación mejorada. Eso me dicen.
Después de que me dieran la brasa de modo inmisericorde, he decidido cambiar el dominio. Las razones que me comentan son que el actual es demasiado largo (¿problemas de espacio?), que es muy complicado de recordar (tú sabes cómo te llamas, pero al que no te conoce le cuesta mucho memorizar) y que presenta más dificultades para acceder a él.
Con un nombre breve y atractivo será más fácil acceder a tu blog, compartirlo y encontrarlo sin problemas.
El contenido seguirá siendo el mismo de siempre, solo que con un dominio más claro y práctico. A lo sumo, dos palabras de uso diario. Si estás suscrito, te llegará exactamente igual a tu cuenta de correo.
Lo único que el remitente será www.recuncar.com El problema lo tendrán quienes quieran entrar por la URL, que tendrán que escribir esta última. No creas que ha sido fácil encontrar un dominio atractivo, wordpress tiene casi todos copados.
La próxima entrada, es decir, esta, la recibirás como siempre. Será a partir de la siguiente.
He consultado a un experto, a uno de tantos, que espero que no sea «el erudito a la violeta» de Cadalso, aquel que tenía un conocimiento meramente superficial. Me dice que los nombres de los dominios deben ser fáciles de recordar, fáciles de acceder (los lectores pueden teclearlo sin errores) y aún más fáciles de compartir en redes sociales y en el boca a boca.
Como verás, estoy atascado en los suscriptores y no veo modo alguno de aumentarlos. Entiendo que la gente es muy reticente a dar su correo electrónico, pero es el camino más corto. Como otras veces te he pedido, a quien creas que le puede gustar mi blog le solicitas que te autorice a darme su correo, me lo mandas a jmmaiz@telefonica.net y yo lo suscribo. Nada más. Yo no doy a nadie ese correo. Lo guardo como oro en paño.
(Te pido perdón si te encuentras algún error en este texto. Últimamente, el sueño no es mi mejor compañero). Mi voz no me permite ni un segundo dormir, / el sueño me dibuja su ausencia en mi caminar, / el cansancio no quiere de mi vida partir / y el reloj repite cansino su apacible velar. Lo mismo te gustan más los versos con los que el ventero respondió, en plan de broma, a Don Quijote para fingir que él también fue caballero andante: Mis arreos son las armas, / mi descanso, el pelear, / mi cama, las duras peñas, / mi dormir, siempre velar. Forman parte del romance popular «La constancia».
Y para despedirme, te escribo, te pido que no me abandones ahora, que forma parte de la letra de un hermosísimo tango del argentino Alfredo De Ángelis titulado de ese modo: No me abandones.
¡Gracias por seguir ahí y acompañarme en esta evolución, que espero que sea para bien!
CAPÍTULO XX DE ‘HATROZ’.- LOLA HIJA
En la madrugada de ayer me despierta el móvil y el ordenador. Me anuncia Rafo, por medio de un acongojado guasap que me ha enviado un correo con el capítulo que le falta a la novela Hatroz, uno dedicado a su hermana Lola.
Desde que empiezo este afán de «malnovelar» episodios de mi vida, se resiste a airear algunos de la suya. Como soy un plasta le digo: o todo o nada. Me repite una y otra vez que hay un acontecimiento que no, que no sale a la luz mientras yo esté viva.
De este modo, escribo 39 capítulos. Espero que los hayas leído todos. Cuando Lola acepte ser el capítulo XX, le daré el cierre definitivo a este engendro de narración que sólo quiere ajustar cuentas con mi memoria, aunque esta nunca es lineal ni es capaz de poner orden a mis escombros.
Lola y yo hemos hablado mucho. Por fin, antes de ayer, me da el plácet para que escriba las partes que yo le esquematizo en un papel. ¡Por fin consigo convencerla para ponerlo todo negro sobre blanco! Por tal motivo tengo que reordenar los capítulos para situar el de mi hermana en el lugar que yo quiero, que es el capítulo XX. Exijo, termina, que, a diferencia de algún otro capítulo, esté escrito en presente porque yo quiero que quien lo ojee lo sienta en la actualidad.
Después de leerlo varias veces y de hacer infinitos cambios, me resulta difícil encadenar con fluidez los diferentes episodios de este capítulo que voy a narrar porque algunos son compactos y muy cerrados, y no admiten una clara transición para no distorsionar el espíritu que quiere transmitir Rafo, que no quiere aceptar que una congénita timidez sirva de explicación para todo.
Lola Máiz Togores nace en el Sanatorio del Rosario de Madrid el 3 de octubre de 1954. Ella le repite a quien le quiera escuchar que «nace de nalgas y que el parto dura unas 32 horas». En un tono no sé si humorístico culpabiliza a estas dos circunstancias las futuras desgracias de su vida. Ella explica, sin convencimiento alguno, que el destino o el carácter de una persona están determinados desde el nacimiento: si alguien «nace de nalgas» (es decir, de una forma considerada poco favorable o fuera de lo normal), entonces sus dificultades futuras son consecuencia de esa condición inicial.
No le gusta que la llamen Loli a los 71 años que tiene, en cambio acepta el apodo de «Woolite» porque se lo ponen con mucho cariño nuestros dos primos mayores. Habría que investigar si algo tiene que ver con el carácter fuerte que manifiesta, una clara herencia de los Bermejo por vía paterna, y el poder suavizante del susodicho producto.
Estudia el bachillerato en el colegio Mater Salvatoris en la calle Límite donde son 40 alumnas y luego se trasladan a Aravaca donde construyen un gigantesco edificio. Nunca habla con claridad de su experiencia en este colegio ―últimamente, sí― por esa timidez que le impide hablar y actuar con decisión, pero el término acoso está presente en muchas situaciones vividas. Sólo libra en su negativo recuerdo a la madre Madurga, que la tutela con cariño y respeto durante muchos años.
Por estas razones, una tía de la familia les recomienda a nuestros padres en varias ocasiones que la trasladen al instituto Isabel la Católica, donde, ejecutado por fin el cambio, realiza exitosamente COU. Tiene verdaderas amigas, aunque algunas se pierden con el paso del tiempo y otras diversas suertes. Es evidente que la enseñanza en aquellos tiempos es muy diferente. Sólo recordar que en el colegio le dejan solo para septiembre la 4ª evaluación de Química. Hoy eso…
En la etapa colegial, en 4º de bachillerato, sufre la corea mínor ―el conocido baile de San Vito―, enfermedad que no brota de manera brutal hasta el verano de ese mismo año. Mi padre, por entonces, vacacionaba en septiembre, pero nada más verla el diagnóstico es claro y evidente. Tiene una recuperación tan lenta que le dura varios años, asociada al doloroso Benzetacil mensualmente.
Estudia Farmacia, trabaja en diversas oficinas de farmacia, con visiones agridulces los años que a ello se dedica. Tiene la oportunidad de comprar una farmacia y ser codueña de una oficina situada en Vallecas. La experiencia no es buena. La relación es imposible con el otro dueño y decide vender su parte. Cuando se firma dicha venta en la notaría de un familiar, este le dice con clara retranca: es evidente que no llevaste lentillas cuando negociaste con él y realizaste la compra.
Deja el trabajo para casarse con un arquitecto en 1989, ceremonia que se celebra, bajo una intensa lluvia, en el colegio de El Pilar de Niño Jesús, con el objetivo de vivir en Valladolid, ciudad que había ganado el futuro marido en unas durísimas oposiciones.
Este matrimonio, por la intolerancia del novio ante unos vómitos de acetona en la noche de bodas, se rompe el día siguiente de celebrarse. Como van a Pucela a vivir, y en Madrid no tienen casa, ni ella un duro, se encuentra sola a las 11 de la noche con una maleta y una cabina telefónica. Llama a nuestro padre para ver si la acogemos de nuevo en casa. Respuesta afirmativa, evidentemente.
El matrimonio es declarado Matrimonio Rato y No Consumado (Ratum et non consummatum) por la Rota a los dos años de la ceremonia.
Lola pasa una temporada bastante larga muy mal ―con apoyo psicológico y psiquiátrico― porque no entiende nada y se siente psicológicamente maltratada por todo lo que le dice el novio, acusándola reiteradas veces de niña, entre otras cosas. Aclaro yo que conoce a Lola desde hace muchos años.
Se reintegra a trabajar en diferentes oficinas de farmacia con una nociva experiencia en algunas de ellas. En estos momentos le viene a la memoria el argumento de «cómo nace».
En 1979 fallece una tía nuestra soltera de un terrible cáncer de mama que es el sustento económico y anímico de otro hermano soltero, que no puede trabajar por diferentes causas mentales y físicas. La defunción plantea el destino de nuestro tío porque solo no puede vivir ni personal ni económicamente. Para resumir, se decide vender la casa y que se traslade a vivir a nuestra casa porque nuestro padre es médico. Un hermano de nuestro padre dice no se valoran en ningún momento las profundas depresiones cíclicas de nuestra madre. El impuesto de sucesiones entre hermanos en aquella época es brutal.
En nuestra casa, Lola le cede su habitación. Cambia un espacio, al final de la vivienda, en el que hay un pasillo con un generoso armario, una mesa camilla grande para estudiar y una cama con su correspondiente cómoda por un cuartito junto a la cocina en el que sólo cabe un sofá-cama y una pequeña mesa de estudio. Es decir, cambia la amplitud por la estrechez. Mi hermana no dice nada y manifiesta una generosidad suprema. Este periodo dura ocho años, hasta 1987 en el que muere nuestro tío.
En 1992 muere nuestra madre y supone un golpe durísimo para todos, especialmente para nuestro padre que se culpabiliza de no haber oído nada cuando todo ―el infarto súbito sufrido― ocurre de noche en la cama de matrimonio que comparten ambos.
En 1993, por las indecisiones de nuestro padre, Lola impulsa, dentro de sus posibilidades y conmigo al fondo, la venta definitiva de la finca que tiene la familia de nuestra madre en las proximidades de Compostela.
En 1995 deja de trabajar en una oficina de farmacia ―la dueña le exige una indemnización, hecho que niega el Colegio de farmacéuticos― para atender a nuestro padre durante todo el día, que sufre un deterioro progresivo de sus capacidades físicas y mentales por varios ictus que sufre.
Curioso es decir que lo que pagamos a la persona que cuida de nuestro padre, ocho horas al día, en un periodo breve es muy superior al sueldo de mi hermana en la farmacia. Por tal motivo, decide colgar la bata y entregarse al cuidado de nuestro padre con una ayuda puntual una hora al día para bañarlo y asearlo. Esto dura hasta 2002, año en el que fallece nuestro padre en casa, no en una residencia como nos recomiendan algunos conocidos. La atención fue excelente y continua por sus conocimientos farmacéuticos y por la generosísima ayuda permanente de un amigo anestesista de nuestro padre. (Perdón por repetir tantas veces nuestro padre).
Lola, en su faceta privada, después de este fallecimiento, e impulsada por mí, intenta retomar su vida social con un antiguo amigo, que se trunca por el fallecimiento de él. Lola me cuenta que este hombre la llama semanas antes de la boda para confirmar si ella está dispuesta a casarse con el arquitecto. Como la respuesta es un sí, él desaparece de su vida.
Como consecuencia de ese deseo mío de que retome su vida social, una noche, un cabrón de muy buena facha, con el que comparte una cena, la acompaña hasta el ascensor de nuestra casa y ahí, debajo de las escaleras de acceso a los pisos, la ataca, la reduce por la fuerza física y mantiene con ella una relación sexual contra su total voluntad. Lola lo único que hace es llorar. Se acuesta en casa llorando y como no para de sangrar la ingresan en una clínica por orden de su ginecólogo, donde le tienen que dar varios puntos de sutura por la violencia sufrida. El daño que le causa la acompaña durante años. Es una herida que nadie puede ver, pero que no puede borrar.
Tras esta brutal experiencia, confirmada en todos sus términos por el ginecólogo que la trata, hay quienes expresan recelo con ese relato, como si la verdad necesitara pruebas imposibles. A la violencia sufrida se añade otra forma de sufrimiento: la incredulidad de algunos miembros de nuestra propia familia. Ahora me viene a la memoria aquel juez que, ante una situación en nada parecida, utiliza como eximente del hombre la minifalda de la mujer. Es decir, hay personas de nuestro entorno que buscan la explicación del resultado en una característica de quien lo padece, en lugar de analizar principalmente la inicua conducta de quien toma la decisión de realizar tan ignominioso acto. Con otras palabras, se culpa a quien sufre la violación por el daño que otro decide causar o se traslada la responsabilidad del agente a la víctima.
Esto lo comento en contra de la férrea voluntad de Lola, pero me importa un carallo, porque quiero manifestar que también hay violaciones con traje de Armani o violadores que fingen conocer a la familia ―es el caso de mi hermana―, para lograr un espacio y un entorno que le permita lograr su nefando objetivo. Hay una persona que dice que malinterpreta la timidez de Lola. Asqueroso y vomitivo.
Mi hermana no quiere que lo cuente porque tiene inoculada desde el nacimiento esa obsesión de que no se puede contar nada por vergüenza, cuando ella es la que sufre un ataque sexual que no busca ni provoca en ningún momento.
Saltamos al día de hoy. Recibe una ayuda económica generada por la atención a nuestro padre y por no haber cotizado lo suficiente, ya que por tal dedicación familiar se quiebra de golpe su etapa laboral.
Como consecuencia de una educación muy tradicional, encuentra en la atención de nuestro padre su particular purgatorio. Esta frase la escribo porque no entiendo ―y eso que le doy vueltas para encontrar un mínimo resquicio de razón― que alguien pueda justificar una silenciosa, pero hatroz violación.
Con los años Lola «se acostumbra» a lo vivido, pero no lo olvida porque lo que le marca aquella noche sigue formando parte indisoluble de ella. Si yo no lo olvido, y lo tengo presente todos los días, ¡cómo lo va a olvidar mi hermana!
Ahora, tras dos mudanzas en los últimos veinte años, vivimos armoniosamente los dos juntos en un pequeño piso de La Guindalera. Los dos solteros, y tras un sincero ajuste de caracteres y acuerdos convivenciales, disfrutamos de uno de los periodos más tranquilos de mi hermana.
Como finalización, una lluvia de ideas para clarificar qué carácter tiene Lola: genio y pronto muy fuertes, pero se diluyen enseguida, insegura, generosa, cabezota, impulsiva, ingenua, animalofóbica, risueña, impaciente, sufridora de varios complejos e incapaz de superarlos, bondadosa, botellín, solitaria, de poco trato, derrochona con todo el mundo, insomne, negativa, se autoculpa siempre por todo, hasta del hundimiento del Titanic, miedosa, poco ambiciosa, acuafóbica, cierta incapacidad para tomarse las cosas a broma, ansiedad social, temor al ridículo y a meter la pata en público, poseedora de un dañino complace, minuciosa, sin aires de superioridad…