«LAS ARISTAS DE MI VERDAD»

SUGERENCIA NOCTURNA

Rompe de una vez con tu pasado, deja que caiga como polvo viejo entre tus manos abiertas. Olvídate de esa mujer que habita tu mente como un eco que no le pertenece. Camina ligero, sin cadenas invisibles, con el alma despejada de su sombra. Disfruta el instante como si fuera un fuego breve y necesario que te renace. Vive, y permite que tus deseos más íntimos respiren libres, sin miedo ni culpa. 

POÉTICA

Escribir poemas en prosa y la conversión a esta forma de toda mi obra literaria no es solo una elección técnica. Es una forma de hablar sin corsé, de dejar que la emoción marque el ritmo, y no el verso. Es escribir como quien cuenta una historia junto al fuego: con pausa, con verdad. Porque hay versos que no saben a poema, y hay sentimientos que piden un camino amplio, como los que cruzan la sierra sin mirar atrás.

La prosa poética es ese camino. Para quien ve poesía en un vistazo, en un recuerdo, en una canción que se pierde entre las piedras. Para quien sabe que la belleza siempre toca.

Aquí, en este Poetario, y con el recuerdo de Galicia, aprendo a contarlo todo con la sal y con la brétema de la vida. En mi poesía río, lloro, suplico, admiro, bailo, envidio, añoro, canto… incluso cuando llueve en mi corazón. Escribir así es también eso: una forma de galleguidad desde Madrid, de hacer de la palabra un refugio, de expandir el verso en la prosa, de digerir todo tipo de emoción hasta que se vuelve ritual. La piel que habla de mí no necesita sílabas para emocionar. Solo necesita verdad. Y tiempo para que tú la leas solo o en compañía. 

LA POESÍA COMO UN BISTURÍ

Soy hijo de un cirujano. Desde niño aprendí a mirar las manos de mi padre, firmes y delicadas, capaces de abrir la carne con precisión y, al mismo tiempo, de cerrarla con ternura. Ese gesto, esa disciplina del bisturí, se convirtió en una enseñanza que me acompaña hasta hoy. Yo no opero cuerpos, pero opero palabras. En el aula, cuando enseño, y en mi escritura, cuando me desnudo, el bisturí se transforma en metáfora: cortar, abrir, explorar lo oculto, y luego suturar con la delicadeza de quien sabe que cada herida necesita tiempo para cicatrizar.

La poesía es mi cirugía íntima. Cada palabra abre una capa de mi alma, cada verso es incisión, cada frase una sutura que intenta recomponer lo que se ha roto dentro de mí. Escribir es mi manera de resistir, de recuperar un fragmento de silencio entre el ruido, de darle voz a lo que quedaría sepultado bajo el peso de la ciudad y de la vida.

Soy un hombre triste y melancólico, habitado por la sombra de la morriña y el peso de los fracasos. Pero también soy hijo de una disciplina que me enseñó que incluso la herida puede ser camino de conocimiento. La poesía me permite transformar la tristeza en palabra, la melancolía en música, el fracaso en cicatriz que brilla.

Madrid me resulta dura, como si cada calle me devorase poco a poco. La ciudad me engulle con su ruido, con su velocidad, con su indiferencia, y yo me siento perdido entre multitudes que no me ven. Escribir se convierte en mi refugio, en mi manera de recuperar un espacio íntimo donde la palabra se gesta lentamente, como una herida que busca cicatrizar.

Galicia es el hilo invisible que atraviesa cada línea. En su tierra y en su mar moran mis recuerdos y mi voz. Allí aprendí que la morriña no es solo dolor, sino también raíz, memoria, pertenencia. La poesía me une a esa tierra, me devuelve a sus aguas, me recuerda que incluso lejos sigo habitado por ella.

La poesía es confesión y bálsamo. Es bisturí y cicatriz. Es el espacio íntimo donde la palabra se convierte en sostén, en columna invisible que me impide caer. Es mi manera de abrirme, de dejar que otros entren en mi herida y reconozcan en ella su propia historia.

Quien se acerque a mi poesía encontrará fragmentos de vida, retazos de dolor y de esperanza, confesiones que quizá también le resulten propias. Porque escribir es compartir la intimidad, la morriña, los fracasos y las pequeñas luces que nos sostienen en medio de la oscuridad.

La poesía, para mí, es eso: un bisturí que corta y revela, una sutura que recompone, una cicatriz que brilla en la memoria. Es mi manera de decir que sigo vivo, que sigo buscando, que sigo aprendiendo a transformar la herida en palabra y la palabra en luz. 

LA MANO IZQUIERDA

Escribo con la mano izquierda porque es la que piensa diferente. No me enseñaron a usarla al principio: fue ella quien se impuso cuando era un chaval, como un río que no quiere seguir el cauce marcado. La izquierda no es solo mano: es memoria, es resistencia, es una forma de tocar el mundo al revés. Mientras otros escriben hacia fuera, yo escribo hacia dentro, dibujando letras que nacen del lado olvidado del cuerpo. Cada trazo es una pequeña rebelión, cada palabra una forma de decir: «Aquí estoy, y no sigo el camino del reloj». Porque la mano izquierda no obedece: crea. Y en su pulso va mi verdad. 

GALICIA

Verde hierba. Mar total. Tierra mojada. Piedra milenaria. Saudade ancestral. Brumas intactas. Irrepetibles camelias. Sombras desnudas. Milagroso paisaje. Celestial marisco. Perfecta lluvia. Sagrada calma. Inmortal corredoira. Infinita belleza. Bendita niebla. Incomparable costa. Gloriosa gastronomía. Irrepetible hospitalidad. Radiante soledad. Fecunda ausencia. Melancólico sueño.