La añoranza y la saudade son el hilo que cosen todos mis sentimientos. La saudade, esa palabra nuestra que no necesita traducción, es la que mejor explica lo que me pasa: la presencia de una ausencia, el calor de un recuerdo que no se apaga, la herida dulce de algo que no volverá, pero que tampoco quiero olvidar. La playa de A Lanzada, con su terminable horizonte, es el escenario perfecto para esta mezcla de emociones que me acompañan desde hace tanto tiempo.
«LAS ARISTAS DE MI VERDAD»
AUSENCIA
Ausencia es ver como la oscura nieve golpea con blanca crueldad y saña, una vez finalizada, la ardiente caricia que extendiste por todo mi cuerpo. De esta manera verás cómo quedan nuestros cuerpos desnudos sobre un solitario lecho de ácido placer, y tu perfil, entre mil sombras acariciado, desaparece cubierto del sudor de nuestras almas. Entonces, mi cuerpo llora tu ausencia repleto de soledades.
ANHELOS ÍNTIMOS
Tú no has visto nunca la luna llena, me dijiste una madrugada. Yo te contradije, y después de ver nuestros cuerpos desnudos a la luz de la guardiana de las estrellas, puse mi mano en tus senos, los acaricié con parsimonia, me acerqué a besarlos y tú sonreíste al ver erectos tus pezones. Me quedé con los labios congelados cuando me dijiste que no habría otra noche así, que ella no estaba de segundo plato. Y después de mirar con desprecio al disco de plata suspendido en el cielo te tumbaste encima de mí a merced de tus anhelos más íntimos.
LA ENVIDIA
Dicen que la envidia es tristeza por el bien ajeno, pero en tu caso parece una profesión a tiempo completo. No te duele mi suerte, te duele que no sea la tuya. Me miras como quien mira un error del universo. Tranquilo, si pudiera, también te daría algo… aunque solo fuera un motivo menos para odiarme.
LA MAREA DE LA VIDA
Un recorrido por mi interior se confunde con el recorrido que hago en mi mente todos los veranos por la costa. Cada texto que escribo es una marea distinta, unas veces en calma, otras veces brava. No busco respuestas ni conclusiones. Solo quiero dejar constancia de lo que estoy sintiendo, de lo que voy aprendiendo, de lo que he ido perdiendo y de lo que espero ganar. Tal vez algún día me leas tú, lector desconocido. Tal vez algún día alguien me entienda que estas palabras no hablan sólo de una mujer, sino de todas las formas que tiene el amor cuando no me atrevo a pronunciarlo en voz alta. El mar seguirá aquí, eterno, borrando y escribiendo historias en la arena. Y yo seguiré caminando por la playa con la esperanza de que cada paso me lleve un poco más cerca de mí mismo.
